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LA CAÍDA DE LOS DIOSES

De Luchino Visconti

 

 

 
 

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Escribir sobre una película dirigida por Luchino Visconti es muy difícil, el maestro no se limita a contar una historia, o basarse en una obra literaria y trasladarla a la pantalla, Visconti como muchos de los grandes, encuadra cientos de historias y múltiples obras en un solo plano, faltan ojos para apreciar su maestría, su puesta en escena, sus mas pequeños detalles, hasta los armarios que nunca se abren en sus Films, los llenaba de ropa de época, atrezzo insólito y dicen que hasta necesitaba un olor especial cuando rodaba en interiores. Estos detalles nos abren del perfeccionismo que siempre danzaba en sus Films, es como un virtuosismo de Overtura, donde nos va anunciando que en el cine una imagen vale mas que mil palabras, y que el roce de unos dedos sobre una copa de cristal de bohemia, puede estar insertado en las pagina del libro en el que el director se está basando, desgranado en dos o tres capítulos. El cine es ante todo imagen, y el precursor del neorrealismo italiano, a lo largo de su filmografía lo ha demostrado sobradamente, convirtiendo sus obras en paradigma de una perfección absoluta. Ejemplos pondría muchos, pero recordaré MUERTE EN VENECIA, LUÍS II DE BAVIERA, EL GATOPARDO o EL INOCENTE. LA CAÍDA DE LOS DIOSES es el primer film de esa trilogía que Visconti quiso permitirnos para nuestro goce, junto a MUERTE EN VENECIA Y LUIS II DE BAVIERA, donde analiza minuciosamente el alzamiento del nazismo y sus consecuencias en la vida de varias familias aristocráticas. Es toda una joya del cine, no puedo adjudicarle los adjetivos que la definirían porque me siento incapaz de ello, serian muchos....Pero si de algo estoy orgulloso es de haber emprendido esta tarea para que las nuevas generaciones revisen la filmografía de uno de los grandes y los que tenemos grabados títulos en nuestro cerebro, revisemos una y otra vez lo que es el cine con mayúsculas, y dejemos que actores de enorme categoría interpretativa nos adentren en una atmósfera, como es el caso de LA CAÍDA DE LOS DIOSES, donde en ocasiones la belleza, el horror y la muerte dibujan en un peligroso lienzo una parte de la historia del mundo, de la que nos sentimos avergonzados. Luchino Visconti siempre se basó en vivencias personales, capítulos de su aristocrático origen, amores y desamores que hirieron los sentimientos de un hombre que siempre, desde el mismo momento en que nació, vivió obsesionado en la busca de la eterna felicidad.

 

Voy a trabajar duro con este articulo, creo que a parte de comentar la labor de un maestro y un grupo de actores inolvidables, quiero garabatear sobre mi lienzo lo que representó en ésta y en muchas familias la siniestra sombra del poderío nazi. No me resulta agradable recordar semejante mancha histórica del mundo, pero es vital para comprender mejor, la sangre que cae lenta sobre las cabezas de una poderosa familia alemana, tal y como se plantea en el final... de manera vampírica.

 

 

Ambiciosa producción como obra personal y como recordatorio del nazismo. Diferente y certera, dirige una mirada dual hacia la autodestrucción de la poderosísima familia Eisenbeck y, al mismo tiempo, hacia la autodestrucción de Alemania, en los inicios de la ascensión del poder absoluto por parte de Hitler, entre el incendio del Reichstag y la purga y destrucción de las milicias en la “noche de los cuchillos largos”. Seguramente se trate de la mejor película jamás realizada para entender la realidad del nazismo, no estoy hablando de las causas, sino de la verdadera cara del monstruo. Si VENCEDORES Y VENCIDOS y LA LISTA DE SCHINDLER, son películas bajo el prisma norteamericano, pero para comprender bien aquel horror y las consecuencias destructivas del nazismo, LA CAÍDA DE LOS DIOSES, es una visión de Luchino Visconti, de la realidad nazi, de su ascenso, su ideología y mentalidad. En ese sentido, es más clara, más sugestiva, aunque menos grandilocuente e igual de impresionante. Se trata además, en su trama familiar, de una personal versión, con tintes de Macbeth, del maestro italiano. Visconti nos introduce de nuevo en el sórdido mundo burgués, a través de una rica familia alemana, durante el auge del nacional-socialismo. El director disecciona a los personajes, seres codiciosos y deleznables, únicamente ávidos de poder, que no dudan en pasar por encima de sus parientes, utilizando el método que sea, con tal de escalar socialmente. Una cruel locura, producida por la fiebre de poder, que Visconti hace en paralelo como auge de una de las corrientes mas infames de los últimos siglos. El director se aproxima a esas ideas y desnuda como era el régimen nazi.

Todo el desarrollo argumental shakesperiano acumula demasiadas sensaciones y personajes, como dotando de un mayor protagonismo a la trama familiar que la política, aunque esa sensación es engañosa. Su riqueza intelectual se plasma en ocasionales referencias literarias y filosóficas, en verídicas predicciones bélicas, en certeras interpretaciones de hechos como la quema del Reichstag, del rearme alemán y de la molesta presencia, para el régimen y el ejército... que la convierten, según los críticos, en una película digna de ser estudiada. Pero esto es la característica de Visconti y, debido a su profundidad, pueda ser degustada más perfectamente por un público más preparado. Se puede decir que el fondo supera la forma. Técnicamente el director disfruta plasmando el movimiento de la cámara, por medio de zoom y con algunos primeros planos de una plasticidad magnifica. La fotografía, como el film tiende a ser enfermiza, con un énfasis casi deforme que domina la película, simbolizando acertadamente el ambiente de refinamiento elitista, directo, orgiástico, metafórico y cercano al verdadero carácter del romanticismo decimonónico de la alta sociedad alemana durante el nazismo.

 

LA CAÍDA DE LOS DIOSES, es la primera entrega de la que vino en llamarse “trilogía alemana” del maestro italiano y que fue seguida de MUERTE EN VENECIA y su maravilloso LUDWIG. Se dice que en ellas Visconti intentó retratar el cambio de una sociedad tradicional de valores aristocráticos hacia el modelo rompedor del nazismo que supuso el final de los valores, (según palabras del propio Hitler, citadas en el film). Evidentemente, el final de estos valores implica el surgimiento de toda una serie de perversiones morales que desfilarán en pantalla ante nuestros ojos como signos de un nuevo desorden en el ser humano a nivel no sólo político, sino mucho más profundo. En efecto, la palabra Götterdämmerung es una voz alemana que proviene del nórdico Ragnarök, la mitológica profecía de una guerra entre los dioses que traerá el fin del mundo. Esta ‘guerra de dioses’ no es, ni más ni menos, que las luchas internas en la familia Essenbeck por el poder y el control del imperio metalúrgico, la entrega al régimen nazi para conservar la hegemonía, y los conflictos entre liberales y nacionalsocialistas para el control de la nación. LA CAÍDA DE LOS DIOSES, era la favorita de Rainer Werner Fassbinder, dijo que Götterdämmerung era al cine lo que Shakespeare a la literatura. Comparte ciertos lazos con otra película: EL PORTERO DE NOCHE, donde Dirk Bogarde y también Charlotte Rampling, si bien en esta ocasión el inglés tiene mucha más presencia e importancia que en el film de Visconti, pero igualmente existe esa depravación nazi que ya lucía el clásico de Liliana Cavani, y también tiene como fondo esa inversión de los valores que propició el régimen nacionalsocialista y que llevó al libertinaje nihilista, a la confusión emocional y a la perversión sexual. Las comparaciones terminan ahí, pero resulta curioso ver cómo actores como Bogarde han apostado a lo largo de su carrera por proyectos duros, difíciles, personajes complicados, intensos y moralmente repulsivos en favor de una propuesta artística, en la que según sus propias declaraciones: "Esos personajes me hicieron amar mas mi profesión"

Dirk Bogarde lo explicó así:

“La moral está muerta, somos una sociedad de élite donde todo está permitido"

 

Estamos en Febrero de 1933. Son los últimos estertores del viejo régimen decimonónico y aristócrata, de una Alemania prusiana, disciplinada y virtuosa. Se nos introduce en las pasiones intestinas de la industria familiar del acero con imágenes de una fundidora que nos recuerda las fuerzas del interior de un volcán en erupción, o quizá de sangre vertida con pasión violenta, en una secuencia de arranque en el film de forma simbólica y romántica acompañando a los títulos de crédito. Después, las escenas se suceden envueltas en tétricos claroscuros o iluminaciones totalmente irreales que envuelven a los personajes en chorros de luz rojos y verdes que me recuerdan otras puestas en escena de Visconti. En efecto, no estamos ante una saga épica canónica, sino en una saga deshumanizada. Las interpretaciones son extraordinarias y en ocasiones alcanza el paroxismo, los diálogos totalmente literarios y las libertades livinidosas campan a sus anchas en esta obra de culto, que es un compendio de obsesiones personales y un claro espejo donde se representa fielmente un periodo histórico. La intención de Visconti era precisamente esa; dejar claro que para entender la Historia debemos alejarnos de la objetividad y jugar con los simbolismos y las metáforas más salvajes e íntimas, para dar a entender un significado profundo. Esta perversión u obsesión sexual tan profunda es otro de los temas que atraviesan las películas de esta “trilogía alemana”. Uno de ellos, el más sangrante quizá, es la pederastia, aunque ciertamente tratada de modo muy distinto. Si bien en Götterdämmerung es un signo de decadencia, maldad y locura, en Muerte en Venecia es más bien una enfermedad lírica, un mal inevitable, un envenenamiento de belleza absoluta que, siempre que sea reprimido por el enfermo, despierta más lástima que rechazo absoluto. En Götterdämmerung nada es reprimido, y la pasión de Gustav von Aschenbach por la belleza ideal se ve reemplazada en Martín Essenbeck, un insólito y magnifico Helmut Berger con el instinto depredador de un auténtico degenerado. Martín es el heredero y accionista mayoritario de Essenbeck Stahlwerk y la compañía vende armas a las SS y al ejército, si bien el conflicto entre ambas facciones influirá en el devenir de los acontecimientos posteriores. Algo que pasa sutilmente el maestro en la película, pero que es un hecho histórico realmente depravado y es que Krupp, personaje en que está basada la película, durante el nazismo, formó parte del aparato del Holocausto al utilizar en sus cadenas de producción mano de obra judía proveniente de los campos de concentración, a quienes se aplicaba el principio de exterminación por trabajo, es decir, trabajar hasta caer muerto... Krupp tuvo cientos de causas judiciales pendientes por aquella autentica bestialidad.

Helmut Berger, Dirk Bogarde e Ingrid Thulin son con distancia los pesos de este prodigio cinematográfico. Helmut me ha demostrado en LUDWIG y CONFIDENCIAS, ser un actor capaz de dejarnos con la boca abierta, por sus registros, su atractivo, y esa forma de maldad que despiden sus miradas. Visconti le conocía muy bien, y supo sacar lo mejor, cosa que no sucedió con otros directores con los que el actor trabajó. Berger es y ha sido un pilar en la obra del maestro, como le sucede a Bogarde en su irrepetible actuación de MUERTE EN VENECIA, que sin apenas gran dialogo, nos abre su mente, sus búsquedas y temores de forma celestial. No he conocido un actor que con su forma de mirar a la cámara, por ejemplo en los planos finales de MUERTE EN VENECIA, mientras su maquillaje de va deshaciendo al contemplar el hallazgo de esa belleza tanto tiempo buscada, pueda hacernos sentirnos incómodos en la butaca. La presencia de Ingrid no contiene los adjetivos suficientes, imposible enumerarlos, pero basta con mirarla, con olerla, con saborear su clase, un estilo moldeado a conciencia en las secuencias del suicidio, para sentir que estamos a pocos metros de un crepúsculo habitado por dioses de verdad. Es todo un placer revisar el film, y un orgasmo inconfesable admitir que forma parte de las mejores películas que yo he visto en mi vida. 

 

En el tercer acto de esta historia de maldición nacional presenciamos el terrible descenso de Martín hacia la locura absoluta y su entrega en cuerpo y alma al nacionalsocialismo y a esa inversión absoluta de valores:

“Ahora entiendo lo que es el nacionalsocialismo. Es más sencillo de lo que parece”.

La escena de violación incestuosa adquiere tintes absolutamente mitológicos, y la esperpéntica boda que se celebra en el desenlace final, con una Sophie totalmente enloquecida y muerta por dentro, parece una película de terror que, con la imagen final, nos deja congelados por dentro, aterrorizados, y conocedores de que el horror no ha hecho más que empezar. Es como cuando te encuentres en un centro comercial, comprando ropa o buscando un regalo de cumpleaños para tu novia, y ves a tus pies, justo antes de subir las escaleras mecánicas, aquel famoso logotipo de “La Lista de Schindler y te estremeces. Me recuerda todas las películas de nazis que has visto sobre estas dinastías modernas germanas y sus lazos, más o menos amorosos, con el nazismo. El horror que conlleva esta historia nuestra, esta historia de Europa, Visconti sólo podía contarlo a través de la exageración y el paroxismo. Si no, no hay forma de hacerse la idea de lo que representó en la historia aquel holocausto. LA CAÍDA DE LOS DIOSES, nos lo ofrece en bandeja de plata. En todo el film no abundaban personajes como el depravado y andrógino Martín Essenbeck y tampoco en los círculos elitistas de la Alemania que se preparaba para el nazismo. O, si los había, no eran representativos de aquella sociedad. Es cierto que muy pocos industrialistas de aquellos círculos se pinchaban morfina antes de violar a sus madres, o que fuesen pedófilos asesinos. Es cierto que las SS o los “camisas pardas”, eran matones de barrio venidos a más, y no un conglomerado de homosexuales transformistas que celebraban orgías bacanales allá donde se juntaban, convirtiendo en juegos de niños los libertinajes que vimos en Cabaret o, por qué no, en El Portero de Noche, a la altura de Fellini o Pasolini… orgías a la que se daban como posesos como aquella en la que muchos de sus integrantes fueron masacrados por la Wehrmacht durante la ‘Noche de los Cuchillos Largos’ en la localidad de Bad Wiese,  infame episodio histórico que, evidentemente, sí ocurrió, al igual que es cierto que el jefe de las SS, Ernst Röhm, era abiertamente homosexual en un contexto en el que la homosexualidad era incompatible con los ideales nazis.

 

Película minuciosa y con detalles musicales a veces extraños, hablo de una obra maestra muy densa, compleja e inolvidable. Cuando descubrí Films entre los 15 y 24 años después veo esas películas que me marcaron de joven y ciertos mitos se me caen del pedestal. No ha ocurrido con LA CAÍDA DE LOS DIOSES, porque ocupa un lugar preferente entre mis piezas de culto, verla mas de una vez es como un aprendizaje por querer apreciar un cine de autor, un espectáculo dantesco, el terror y el miedo bailando sobre un cuadro de la época negra de Francisco de Goya. LA CAÍDA DE LOS DIOSES refleja tantos puntos, que con el tiempo aún no he conseguido poder unirlos...Ese es uno de mis placeres inconfesables. Es propio de Visconti y de la época, incluso adelantándose a ella, ciertos afectamientos en algunos diálogos y la utilización a veces maquiavélica de su música. También el deseo de ser escandaloso... pero La caída de los dioses sigue contando de forma excelsa la evolución en los años 1933 y 34 de lo que fue el poder del Partido Nazi, y en particular de las SS; y lo hace a través de una empresa siderúrgica familiar y de cada uno de sus componentes, como si se tratara de un fresco donde se delinean los diferentes protagonistas de la época: las SS, los empresarios conservadores que en principio se consideraban neutrales, los opositores perseguidos, los advenedizos sin escrúpulos borrachos de poder, los perversos que siempre sacan partido por su perversidad y crueldad en tiempos revueltos. El preciosismo de Visconti goza aquí de su máximo desenfreno en las cenas del castillo familiar y en el papel que protagoniza Berger, personaje tratado como venganza personal de Visconti hacia el nazismo, la pedofilia y el incesto.

 

La última parte de la película acrecienta su "realismo", dentro de la macabra historia y se introduce en una especie de nube alucinógena; donde yo encuentro aciertos al ser surrealismo una metáfora de la locura sin tasa del propio nazismo, como ocurre por ejemplo en el final de Lope de Aguirre de Herzog o en Apocalypse Now. En suma, Visconti nos presenta una historia necesaria contada con tintes shakespearianos;, pero ¿Shakespeare habría perdido la ocasión de contar la degenerada lucha por el poder supremo del "hombre nuevo" alemán?,,,Tal vez nó, o al vez no se atrevió. Aquí tenemos un muy buen ejemplo de lo que significaba en ciertos términos la militancia política en los años 60 y 70 en un país tan convulso como Italia. Luchino Visconti, gran cineasta e intelectual de izquierdas, amante de la ópera y personaje público controvertido parecía el director perfecto para realizar LA CAÍDA DE LOS DIOSES, sin embargo siendo una gran obra total, vuelan determinados aspectos que la convierten en una película resbaladiza y ambigua, que parece alejada del compromiso de su director. Y es que "La caída de los dioses " se tiende a si misma su propia trampa, y acaba haciendo una tremebunda apología de lo que parece querer criticar, no se muy bien si aposta por conseguir esa critica, que para mi lo consigue sobradamente, alzándose como otra mas de sus obras maestras; Muerte en Venecia, El gatopardo o El inocente. Queda no obstante su gran belleza plástica, de una fuerte personalidad e imbuida de un hálito morboso turbador y decadente que hacen de su visión un placer evidente y desazonador. Magnífico film que muestra los entresijos y especulaciones en una familia en pleno auge del nazismo. La lucha por el poder, pedofilia, decisiones incestuosas, traiciones... Todo condensado en un argumento de connotaciones cercanas a la tragedia griega, reforzado por un reparto infalible que dota de veracidad una ficción que se desarrolla en un entorno histórico y verídico: el antes y el después de la purga que Hitler hizo contra la SS, una organización paramilitar que se interponía en los planes del dictador, aniquilando a decenas de miembros en la llamada "noche de los cuchillos largos".

 

Pulcra escenografía que consigue una gran ambientación, con una fotografía preferentemente oscurecida que resalta los vistosos colores de las constantes esvásticas que decoran las mansiones, calles y fachadas del decorado. Elegante barroquismo habitual en Visconti. Resalto nuevamente la actuación de Helmut Berger, como hijo heredero, perturbado por falta de amor materno, de enfermizas tentaciones, como la relación con una niña y el momento edípico con su madre. También la pareja formada por Ingrid Thulin y Dirk Bogarde añaden calidad a la solidez del filme, pero en general todo el reparto encaja como las manecillas de un reloj, que da siempre la hora exacta. El ascenso político de la alta sociedad bajo el nazismo es retratada bajo una mirada hacia la depravación de seres podridos, consumiéndose en el vicio y el crimen. Una parábola que sube hacia una cumbre de moral contaminada y desciende, por su propio peso, a un infierno cubierto de patetismo.

Cuando estuve en Paris en Mayo del 68 mi objetivo no era totalmente político, sino mas bien cinematográfico. Me recorrí sus calles menos conflictivas, sobre todo la orilla derecha, y nunca pude imaginar que a los dos años, tendría el encuentro mas importante de mi vida, conocer personalmente a Marlon Brando, pero esa historia y mis vivencias de 39 años con él, ya las redacté en el link de Brando-2, pero disculparme, hablar de Paris, es remover mi historia, enamorarme como una bestia de una ciudad que considero cuna de libertades, escenarios emblemáticos para ser plasmados en mi incipiente afición de fotógrafo, y mas tarde sentirme el hombre con mas suerte del mundo. Años después, una noche Brando me llevó a una filmoteca y presenciamos LA CADUTA DEGLI DEI, film de Luchino Visconti. Era impensable verla en Madrid, por motivos políticos y de censura...Al salid del cine sentí escalofríos, hacía frío, y mi opinión sobre el cine marco un antes y un después, de ver LA CAÍDA DE LOS DIOSES. No recuerdo bien los comentarios de Brando, han pasado muchos años, pero lo que si no se me ha olvidado es su cara pálida y su silencio hasta que llegamos al Hotel. Normalmente dicen que los silencios abren ventanas. Yo supe en ese momento que Visconti pasaría a mi historial como uno de los mas grandes directores de todos los tiempos  y ahora al cabo de mucho tiempo, mi pensamiento sobre el maestro, Paris y Marlon, siempre navegarán por los conductos de mi caliente sangre española. 

 

Este no es un filme sobre invasiones con el afán de extender un imperio prepotente. Tampoco trata sobre el secuestro de hombres, mujeres, niños y ancianos, cuyo único pecado era ser judíos, negros u homosexuales. No alude a los infames campos de concentración donde se sometía a los prisioneros a todo tipo de vejámenes y torturas. Y no veremos las infames duchas de gas donde se acababa con sus vidas sin compasión alguna. Ni siquiera habrá lugar para contemplar las horripilantes y dolorosas fosas comunes, donde cientos de cadáveres de seres humanos, lenta y tortuosamente consumidos, eran apilonados como si de animales se tratara. De esto se han ocupado ya decenas de filmes. Pero, Luchino Visconti, sentía que faltaba un tema por explorar y este era el ser interior de una familia matriculada en el nazismo. Para el director italiano, sondear en la intimidad de sus personajes fue siempre más importante que los mismos hechos que ejecutaban, porque era allí donde se les conocía mejor y donde podían ser sacadas a la luz las causas primigenias de sus inclinaciones. Esto es psicología pura, y en tal sentido, la labor de Visconti resulta valiosa y encomiable. También los nazis tuvieron motivaciones, traumatismos, ausencias afectivas, y malas influencias paternas y sociales, que los animaron a ser lo que fueron y a hacer lo que hicieron. No fueron malos, no nacieron siendo mala semilla, no odiaban por odiar…pero llegaron a hacerlo mejor que el mismo diablo. Visconti, un hombre culto que supo anteponer su corazón de sus historias, se propuso desnudar, sin aspavientos y sin reservas, los vacíos afectivos y los necios paradigmas sobre los que estaba asentada una familia nacionalsocialista. Los personajes son puntuales: el empresario dispuesto a cualquier falsedad y adulación para llevarse cómodamente con quienes detenten el poder; el relegado “brillante” con afán de poseerlo todo; la mujer sin escrúpulos que se olvidó de ejercer su papel de madre; el hijo con nobles aspiraciones al que se quiere retener, a toda costa, en la maquinaria familiar… y el joven pedófilo e incestuoso para quien el nazismo es una feliz oportunidad de desahogo de todo el odio que ha cargado dentro. Y en todo esto, hay un efectivo panorama, suficientemente explícito y bien delineado, que nos permite comprender que no hay gratuidad en el surgimiento y consolidación de uno de los más horrendos movimientos políticos. Por esto, no hay un solo personaje al que podamos apreciar con otro sentimiento que consideración, porque duele ver como los falsos valores del poder y el dinero se propagan cuales dioses, y el amor y el respeto por toda vida, se dejan de lado como si no fueran esenciales.

 

Visconti desgrana, sin prisas y ahondando en la psicología de cada uno de los individuos que componen el núcleo duro de la empresa familiar, el partido que deben tomar con el fin de subsistir en una época incierta y de esta forma contamos con rechazo abierto al nuevo status social del país, Herbert Thallman y su familia, el papel de su mujer es interpretado brevemente por una jovencita y guapísima Charlotte Rampling, el aprovechamiento de las oportunidades ante un vacío al frente de la empresa, como el sucio y grosero oficial de las SS Konstantin Von Essenbeck, en contraposición de su hijo, el plácido estudiante Günther, las luchas de poder y maquinaciones en la sombra, como Sophie y su pareja Frederick Bruckmann, interpretado por un sobrio Dirk Bogarde, la inconsciencia del poder heredado. Martín, hijo de Sophie y máximo accionista de la empresa y la personificación del nuevo régimen con la figura del inquietante y amenazador oficial de las SS, Aschenbach. El estudio psicológico de los personajes es excelente y se crea un ambiente irreal, malsano y decadente, fiel reflejo de los tiempos que están por venir, aprovechando dicha situación para emitir una feroz crítica hacia los convencionalismos sociales del nazismo, así como al fanatismo y la subversión de la que fue víctima Alemania en la década de los 30. Como puntos positivos podemos citar las interpretaciones, todas de gran nivel y la puesta en escena de los actores, no en vano, esta obra se ha estrenado en teatros de todo el mundo, destacando Dirk Bogarde (Frederick Bruckmann), Ingrid Thulin (Sophie Von Essenbeck) y Helmut Griem. Un nombre a parte se merece Helmut Berger como Martín Von Essenbeck, uno de los grandes villanos de la historia del cine y el reflejo de una personalidad torturada y destrozada, un psicópata en potencia… con escenas memorables como su actuación imitando a Marlene Dietrich en El Ángel Azul, secuencia impagable y brillante que, se convirtió en uno de los iconos universales del cine. En resumen, "La Caída de los Dioses" es un atractivo estudio de personalidades que sirve como vehículo crítico hacia el Nazismo y cuenta con unos experimentos visuales y narrativos que se podrían calificar de irrepetibles.

 

Muy recomendable, difícil de ver, pero que hay que asimilarla como una gran ópera dramática clásica al más puro estilo de las obras de Shakespeare, con la batuta de Luchino Visconti.

 

Es la única película del maestro nominada para los Oscar como mejor guión original. Cuando una película critica a los alemanes nazis automáticamente fascina a los críticos americanos. No es tan personal, ni tal perfecta como MUERTE EN VENECIA, EL GATOPARDO o EL INOCENTE, ni por estética, ni tampoco argumentalmente, aunque el guión no tiene desperdicio, hay momentos en que no la veo como un film de Visconti, he examinado toda su filmografía, y mi estado de ánimo se ha elevado en mi amor por el cine a cimas impensables, nada en Visconti está por estar, ninguna secuencia carece de sentido, tal vez en LA CAÍDA DE LOS DIOSES, hay esa brutalidad que le ahogaba por no sacar a los cuatro vientos lo que le hacia daño dentro de su corazón, de ahí nació el film y aunque se aleje del perfeccionista típico del director, no estoy hablando de una película cualquiera, estoy refiriéndome a un trozo de historia sangrante que hacia tambalear la creatividad del maestro italiano. “The Damned” narra la vida de una familia burguesa magnate del acero y cuando más avanza la trama más esquizoide son sus componentes. Si la película narrara la vida de cualquier familia sería una película diferente, lo que no me cuadra a veces es la conexión entre el nazismo y sus vidas, ya que se conectan como piezas independientes, solo Bogarde y Thulin, están implicados en primera persona en los conflictos del régimen. Las escenas que muestran la vida de los soldados son quizá muy largas Yo me pregunto: ¿Algún familiar es soldado?... No. entonces que significa que estén ahí, recomiendo verla porqué así te permite compararla con las otras obras de Visconti. Cualquiera de sus películas contiene alguna delicia estética, si Visconti fuera un cuadro, sería indudablemente un Monet.. En cambio aquí el lienzo se torna rojo, oscuro y se abre la hipótesis de que el ingenuo Helmut gana a su manipuladora madre, en una metáfora del triunfo del bien sobre el mal.

 

La caída de los Dioses, es otra de las obras maestras del realizador italiano, cuyo bisturí fílmico, se centra esta vez, en la historia de una saga familiar, durante el ascenso del nazismo, en este film, muchos han querido ver una trasposición al cine, del Macbeth de Shakespeare, o del mito de Edipo, pero que en mi opinión, Visconti no hace sino profundizar en una de sus constantes habituales, que es la desintegración familiar. Para este fin, muestra un universo del amor de la familia, donde imperan las intrigas, los chantajes, las ambiciones y las perversiones, llevando todo hasta el paroxismo del horror y de la muerte, para denunciar el régimen de la Alemania nazi, del que ningún miembro de esta familia, va a quedar a salvo, ni siquiera una aristocracia que pretende ignorar lo que está sucediendo, porque cree que se puede controlar semejante barbarie. En esta desintegración familiar, donde no falta el incesto, el infanticidio y la recreación de la homosexualidad más refinada, en la plasmación fílmica de lo que sería llamado por la historia como “La noche de los cuchillos largos”, hace de la película de Luchino Visconti, un original referente, en el posterior género cinematográfico del nazismo, donde la estética del poder nazi, está reflejada por un erotismo incipiente, cargado de imágenes, donde el sexo forma parte del decorado, practicado individualmente a las vistas del grupo. Otro factor importante de la película es su estética, cuidadísima y ambientada en unos colores oscuros, pero cargados de gran belleza visual y cromática, donde imperan los tonos azules, ocres, verdes y granates, produciendo un contraste pictórico extraordinario. En este sentido, “La caída de los dioses” es la película más trabajada por Visconti en su sentido visual colorista, opuesta firmemente a otra gran película del maestro como es “El Gatopardo”, cuyos tonos son cálidos y claros, ya que de lo que se trata es de situar el “amanecer italiano de 1870″ con la Unificación de Italia por Garibaldi, mientras que en ésta, se define el ocaso, el crepúsculo, el atardecer en suma, que es lo que está presente como verdadero protagonista en todo el film, construyendo una atmósfera visual, donde impera la irrealidad tenebrosa de todo este universo, y donde el dinero, la clase social y el poder, conforman la sangrienta pincelada de muerte y destrucción

En definitiva, La caída de los Dioses es una obra maestra de Luchino Visconti, cuya visión despiadada, corrosiva, incluso cruel, amoral y cargada de perversa sexualidad no hay que dejar de ver, o revisarla de vez en cuando, para saber la inmensa categoría de un director que nos ha dado momentos de gloria al cine e interpretaciones fuera de lo común como en MUERTE EN VENECIA, y aquí a un casi celestial y demoniaco Helmut Berger en su mejor momento, aunque para mi su recreación de Luis II de Baviera es algo imposible de calificar, en Luis II, el actor es el mismo personaje, no podía ser otro y Visconti, gran conocedor de la personalidad de Helmut, supo darnos toda una lección del mejor cine de todos los tiempos. Para apreciar la perspectiva de interpretación histórica que subyace a la película, es preciso examinarla a la luz de un primer interrogante: los últimos días de Tercer Reich, las decisiones tomadas en el búnker ante el final inminente, ¿revelan aspectos esenciales de este régimen caudillista, o se trata más bien de un momento excepcional, para examinar lo singular de la dictadura basada en el culto al líder?. ¿Qué puntos del debate entre los historiadores sobre el nazismo pueden dirimirse en la historia que muestra la película?. En La caída de los dioses, Visconti refleja este aspecto de la primacía de la política a través de la historia de una familia enriquecida por el rearme pero destruida más tarde por la dinámica de la guerra y las impredecibles relaciones con un régimen que fragmentaba a los poderes económicos en una competencia de todos contra todos.

 

         

LA CAÍDA DE LOS DIOSES, refleja la primacía de la ideología y la irracionalidad ya no sólo sobre la economía, sino sobre la propia política; el predominio del delirio místico- paranoico- trágico de Hitler sobre cualquier otro instinto de supervivencia. Según el historiador Karl Bracher, una vez le había pedido al arquitecto Speer que dibujara las ruinas de las construcciones nazis para comprobar cómo las vería el mundo. La caída permite ver cómo las técnicas de dominio que habían apuntalado la concentración del poder total en Hitler, acabaron por destruir el último resto de los intereses beneficiados durante el apogeo. La duplicación de organismos, la confusión de autoridad, la selva darwiniana de instituciones, la simbiosis del terror, revertían ahora contra un círculo íntimo. Antes habían supeditado a los aliados conservadores, a la clase dominante alemana y a las fuerzas armadas. Ahora el propio Hitler, según Bracher, acababa por hundirse en una estructura de mando ineficiente debido a la competencia interna que él había cebado para realzar su rol de árbitro. Se hallaba reducido a su propia persona. Hacía tiempo que nadie en Alemania podía protegerlo de sus decisiones. Todo esto bordea de forma sublime la triste agonía de unos personajes que atrapados en el lienzo de su propia degradación, terminan de la forma mas cruel, solo los toques perfeccionistas de Visconti hacen que el plano final parezca una obra pictórica de difícil valoración, pero que entra en nuestra retina, entre sombras chinescas, maravillándonos como todo lo que crea el maestro de maestros.   

El barroquismo de Luchino Visconti, los personajes, más la interpretación genial de todos los actores hacen de esta dura película una de las mejores del director italiano. Se trata de una mezcla de Macbeth y Edipo en los tiempos del nazismo emergente, siempre con la corrupción moral como tema central. Vuelvo a repetir que tanto Dirk Bogarde, como  Helmut Berger y su posesiva madre Ingrid Thulin están tan grandiosos, que se escurren de nuestra comprensión, auténticos dioses de la escena...

 !Irrepetibles!.

 

Una anécdota: la película en los Estados Unidos tuvo la siguiente propaganda:

"Llegó a ser un alto cargo del partido nazi”, (decía al pie de foto, donde Berger está travestido de Marlene Dietrich.) Y es muy cierto, tengo que darle la razón a la publicidad que se hizo en EEUU, porque se va descubriendo la psicosis del personaje que interpreta de forma impecable Helmut berger, que no duda en acostarse con su madre o con una niña judía, mientras le ofrecen un alto cargo nazi para dejar la empresa constructora de acero en manos de Hitler. Todos los miembros de la familia von Essenbeck se comportan como auténticas alimañas, movidos por la lucha por el control de la industria, son como el propio nazismo que va cobrando fuerza en Alemania. A lo largo de la película asistimos a todo tipo de maquinaciones y conductas malsanas de éstos en medio del fanatismo imperante. LA CAÍDA DE LOS DIOSES, se puede calificar en contadas ocasiones como brutal e inhumana, tanto en las actuaciones como en los comportamientos de los personajes. Pienso además que Visconti se detiene a placer en fotografiar a un ambiguo Helmut Berger y en Ingrid Thulin, para el lucimiento visual de la actriz, luciendo todo tipo de joyas y vestimentas. Como en la inmensa mayoría de los trabajos del maestro italiano, la calidad de la fotografía de Armando Nannuzzi y Pasquale de Santis es absolutamente impresionante y ayuda a que uno se sienta interesado en ver hasta dónde pueden llegar estos seres, que tienen dentro muy poco de humanos.

 

Es una obra maestra sin la menor duda, de culto y de autor. Luchino Visconti plasma con sangre fría el ambiente pre-revolucionario de los camisas nazis antes del advenimiento del poder en 1933. Su recreación de "la noche de los cuchillos largos", en que las SS de Hitler, por orden de éste, purgan a las tropas de asalto que han sido quienes en realidad han logrado la revolución nacionalsocialista pero ya no son necesarios, es como una página real de la historia, incluyendo el lado homosexual, enaltecedor de la camaradería masculina, aptitud mas que probada en algunos oficiales de las SS. LA CAÍDA DE LOS DIOSES. es una visión cruda de Visconti y además una descarnada época en la que los Krupp, los Thyssen, la BMW, la Mercedes Benz, la Bayer o la Hoechst a través de sus consejos de administración, miraban en otra dirección porque así les convenía a sus intereses económicos.

Un film necesario, imprescindible y aleccionador, que como producto cinematográfico ha pasado a convertirse para muchos, en un título a respetar y un hallazgo para los que la vean por primera vez. Yo, como critico de cine, historiador y mas historias, me siento profundamente honrado en haber podido plasmar a mi modo lo que representó esta película en la brillante trayectoria de Visconti y volver a repetir hasta la saciedad que por solo ver a Helmut Berger, extrayendo de si mismo lo mejor, ya merece la pena sentarse a admirar la película. Es uno de los frescos mas inquietantes y perfectos de un realizador italiano, precursor del neorrealismo, y cuyo nombre pertenece por derecho propio a la misma historia del cine:

LUCHINO VISCONTI