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EL PACIENTE INGLES

 

UNA HISTORIA DE AMOR Y MUERTE

 

 

 
 

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Sé perfectamente cuando una película ahonda en mi corazón, cuando mi cuerpo no se puede mover de la butaca, cuando apenas puedo parpadear, cuando mi mente queda tan bloqueada con ciertas escenas y frases de la película que apenas articulo palabra, cuando quedo embobado mirando los créditos y los veo de principio a fin. Todo esto me pasó con esta película, hay críticos que dijeron que era un tanto lenta, yo confieso que me encantan los Films lentos, que nos permiten sentir cada detalle, así me integro más en la historia. El paciente inglés es una película de Amor, un amor pasional, envuelto en las dunas y arenas de Egipto, capaz de sobrevivir a la mente de un hombre sin recuerdos... Si a todo esto le sumamos unos exteriores de ensueño, actuaciones que rozan la perfección y, sobre todo, una banda sonora de las mejores que jamás se hayan compuesto, podemos imaginar la calidad que tiene la cinta. Muy justamente fue galardonada por 9 Premios de la Academia. El paciente inglés es una de esas obras maestras o grandes películas que hay que ver al menos una vez en la vida. No es una película normal. Creo que todos cuantos la elaboraron estaban en un estado de gracia cuando la hicieron que cada vez que la contemplo me transporta a un cielo particular. Con un fotógrafo que resalta la majestuosidad que posee el desierto, o Italia, cuando se ve con esos ojos, un guionista que con cada palabra hace que el director nos la transmita con absoluta maestría. Es cine que no es séptimo arte sino el primero de todos las artes habidos y por haber. Visiones, sueños perfectamente conjugados con hermosas palabras y suave, vibrante y romántica música. Pasiones bajas que llevan a pasiones sublimes. Un avión sobrevolando las dunas. Amores trágicos y amores felices. Maravillosa película que algún día será un gran clásico en toda la extensión de la palabra. Todo lo que yo escriba es poco y no hace justicia a lo que se siente cuando se contempla. Coincido con la opinión de que esta película será "redescubierta" y revalorizada con el tiempo. A pesar de los oscars que ganó, parece que no ha adquirido el aura de otras producciones de este tipo. Tal vez porque ésta sea una producción atípica, una película que nace como clásico y que escapa a cualquier corriente de los 90, a medio camino entre la superproducción y el cine independiente. Para mí este film representa una perfecta conjunción de fotografía, música, diseño de producción e interpretaciones, todo ello al servicio de un argumento que explota a las oportunidades dramáticas del contexto histórico; la segunda guerra mundial como escenario de relaciones desgarradas, como motor de personajes cuya carencia de afecto es sólo equiparable a la pasión con que viven los vestigios de amor que su vida les depara. Es una película tremendamente poética y bella que consigue convencernos de esa historia apasionada y adúltera con final agridulce, y que consigue elevar y trascender los sentimientos que transmite sin grandes alardes ni efectismos. Posee escenas y metáforas inolvidables, además de resultar una bonita parábola sobre el paso del tiempo y lo cruel del destino, un carpe diem gigantesco. Una gran película, que consigue emocionarme totalmente siempre que la veo.

Mucha gente considera este film como lento, aburrido y absurdo... tal vez por tratarse de una producción americana lo sea, pero para ser una película romántica y dramática no. La lentitud de la cinta nos hace disfrutar y comprender cada escena, sus guiones (que a veces sobrepasan lo poético) nos trasladan a una época dura, de guerra y de pocas esperanzas donde una bella y apasionada historia de amor consigue dejar a la guerra en un segundo plano y que nos centremos en ese amor loco e imposible. Sus paisajes de la hermosa África y sus enormes desiertos son un aliciente más para este relato de amor entre una dama británica y un conde húngaro. A parte del amor entre Scott Thomas y Fiennes la película nos deja ver muchas cosas más. Otro amor imposible entre Juliette Binoche y Naveen Andrews, es decir, entre una enfermera que se desvive por su paciente inglés y un árabe que vive por amar a un hombre. También somos testigos de hasta que punto puede llegar la traición, como lo podemos dejar todo y a todos por un amor que sabemos que nunca será nuestro. Puede que sea demasiado romántica pero también es humana y emotiva con escenas tan bellas que consiguen que nos olvidemos de todo. En cuanto a las interpretaciones: Ralph Fiennes interpreta el papel que mejor le va (el hombre atormentado y locamente enamorado de una mujer a la que nunca podrá tener) sin duda su mejor interpretación. Kristin Scott Thomas, excelente presencia siempre, como la dama británica que ama al conde, realiza su mejor papel igual que Binoche quien da vida a la dulce enfermera Hana. Destacar también la banda sonora y la fotografía que ayudan a que la película se convierta en poesía filmada. EL film está repleto de secuencias que merecen la pena, yo me quedo con esa escena en la que Almásy (Fiennes) sale de la cueva llevando en brazos a Katharine (Scott Thomas) ya muerta. Otra escena bellísima es cuando Kip (Andrews) le enseña las pinturas a Hana (Binoche), algo sencillo, impactante y espectacular. Fabulosa película. no sólo porque plantea la historia en el marco de la Segunda Guerra Mundial, sino porque deduce que los recuerdos en el desierto pertenecen a un punto indeterminado entre 1940 y 1942 cuando el Afrika Korps del "Volken Marschalle" Rommel, barrían con facilidad los torpes ataques de Montgomery- y en la Italia post -Anzio del 1944. Como protagonistas, un conde húngaro -algo atípico a la hora de narrar una historia de la Segunda Gran Guerra- y una intelectual inglesa. La narración es excelentemente lenta porque la historia así lo requiere.... Lenta es "Star Wars" de la que uno no entiende nada y sin embargo, para narrarnos unos hechos inventados al 100% necesita tres horas de insufrible suplicio con una vaporetta que habla y camina, y un androide que parece salido -por sus movimientos- de "La Noche de los Muertos vivientes". Pero la narración de cuatro vidas a lo largo de toda una Segunda Guerra Mundial es absolutamente necesario que vaya lenta... es una cuestión de praxis y naturaleza. En cualquier caso: la interpretación de Fiennes, como casi todo lo que ha realizado hasta la fecha, es intachable y con interpretaciones como ésta podríamos decir que se trata del mejor actor contemporáneo con diferencia: hace lo que quiere y como quiere, y además deja su impronta. Si el papel lo hubiera interpretado Russel Crowe con su habitual aire de "soy el mejor, soy el más espectacular y deberían hacerme una estatua porque soy un héroe", esta película sería infumable.


El desaparecido Anthony Minghella eligió el argumento de una novela de aventuras, guerra, amor y dolor para rodar este monumental melodrama romántico que fué premiado con nueve Óscars, convirtiéndose así en una de las películas más reconocidas de los noventa. Su historia cuenta con una serie de personajes errantes que, en los albores y durante el desarrollo de la Segunda Guerra, viven experiencias muy traumáticas. Un conde húngaro amante de la libertad y de la independencia, que realiza en África labores para la Real Academia de Geografía, lo cual tiene en común con un amigo y con un matrimonio inglés, quienes investigan y sobrevuelan amplios terrenos del continente africano para trazar mapas que sirvan a los servicios británicos de espionaje y así tratar de frenar la expansión de la amenaza nazi. En mitad de los peligros y de la extrema aridez del desierto del Sahara, un amor adúltero y culpable surge entre el conde Laszlo de Almásy y Katharine Clifton, mientras el mundo se sumerge en el caos. Un destruido Almásy, agonizando en un monasterio italiano y atendido por una bella enfermera canadiense, va desvelando esos recuerdos de sus aventuras en África y de su amor perdido. Se trata, de una historia coral sobre personas afectadas por las heridas del amor; sobre un hombre que lo ha perdido todo; sobre una joven que busca en sí misma, en su entrega abnegada al cuidado de su paciente y en promesas de amor incipiente nuevas energías para continuar, en medio del caos; sobre seres mutilados de cuerpo y de alma, y sobre la guerra que ha trastornado el mundo. Todos danzan en busca de la paz, tras un pasado que no volverá, de un futuro muerto e imposible. La guerra, para ellos no termina nunca.
 

La dirección de esta película es perfecta... Nunca he visto nada más bello que la escena de Juliette Binoche contemplando las pinturas de la iglesia a la luz de una bengala, ni los planos aéreos del desierto, que se asemejan a la piel de un cuerpo desnudo, o el reguero de lamparillas de aceite a través del monasterio, dispuesto así por un hombre que desea que por las noches le encuentren... La belleza de las imágenes se complementa con la belleza de su música. Una de las pocas veces que una adaptación literaria dignifica al texto original, aunque debo reconocer que el personaje de Willem Dafoe queda bastante plano, tal vez el único defecto de la película. El cine pocas veces nos regala amantes que no parezcan zombies, cuyo amor no fagocite su humanidad y su inteligencia. Aquí los amantes son dos megalómanos, introvertidos, recubiertos de cemento armado, tal para cual. Cuando a ella no le queda otra que asumir primero y evidenciar después ante él sus sentimientos, no le dice !!oh, mi amor, cuánto te quiero!!.. ni le hace una declaración con la música sinfónica muy alta... se presenta en su casa y le dá una bofetada tremenda. El, que comprende el mensaje a la primera... en vez de acusar el golpe con acritud, se postra de rodillas ante ella, y se la come a besos, le arranca la ropa...y yo sueño, deliro y me uno a la pasión del amor. Los actores también son los idóneos, no puedo imaginar a nadie más encarnando estos personajes... No conozco a ninguna actriz del siglo XXI capaz de encajar un golpe y seguir permaneciendo con ese aire de dignidad. Todo dirigido, medido, milimetrado y engendrado por Mr. Minghella.
 

La década de los noventa es el momento donde la mujer se incorpora mucho mas a consumir cine. El final de la guerra fría, la llegada de la paz que iba a durar toda la vida y la incorporación de la mujer al trabajo y al ocio hace que se desarrolle de una forma definitiva un cine pensado más para ellas, y esto está comprobado, el que diga que las mujeres de forma masiva veían cine y sabían de cine hace 15 años mienten. Excepciones siempre las hubo y siempre las habrá, pero hablo en general evidentemente. En 1996 triunfaba en los Oscar “El paciente inglés” pero el anterior fue “Braveheart” y hace dos “Forrest Gump”, pero si miramos para delante tenemos “Titanic”, “Shakespeare in love”, uno y dos años después respectivamente, creo que está todo dicho con esos datos. Son todas narraciones de amor que utilizan la historia como marco y decorado para dar mayor lustre, nada más. No es ni cine social, ni político, ni histórico, ni siquiera trágico o cómico, es esencialmente romántico, en el sentido sentimental e irracional, cualquier parecido con David Lean es mera coincidencia, a Lean sí le importa los acontecimientos históricos como un personaje más y no como escenario. Los noventa fué una década demasiado dulzona por antonomasia. Y Anthony Minghela se aprovechó de ello y triunfó con una buena película. “Cold Mountain” por ejemplo, pero ya no tuvo tanta suerte... estamos en el año 2003: las torres gemelas, Afganistán e Irak están de moda y no se quiere que se hable de la guerra civil norteamericana y menos aún que se ruede en Rumania. El paciente inglés es la mejor película de Minghela sin lugar a dudas. La novela de Michael Ondaatje tiene poco más de 200 hojas, pues bien Minghella necesita más de dos horas y media para plasmar su argumento. Resultado: Se hace por momentos lenta y meramente estética y contemplativa en bellos fotogramas. Eso sí, como tiene una última media hora excelente consigue que el espectador se quede clavado en la butaca del cine, para mayor gloria a los que nos denominan cinéfilos. Por cierto, Saul Zaentz, el productor, no ha sido un hombre que se haya prodigado mucho pero siempre da en la diana: “Alguien voló sobre el nido del cuco” “Amadeus” y “El paciente inglés”.

Este film quedará en los anales de la historia del cine como una de las mas hermosas, aunque al comienzo el espectador desconfía por creer estar viendo una imitación de Memorias de África, ambos bellísimos espectáculos visuales, y lentamente se nos despeja la mente y nos damos cuenta de que estamos ante otra obra maestra. Su larga duración no obstaculiza para nada su proyección, ya que es tal su ritmo narrativo y su buen pulso hace que no desfallezca un instante. Vuelo a repetir que Anthony Minghella realiza un trabajo espléndido consiguiendo imágenes muy hermosas en las dos historias de amor. Revive así ese tipo de cine que con tanta clase nos dejó David Lean: Doctor Zhivago, Pasaje a la India o Lawrence de Arabia. Todos los actores están en un nivel muy alto. Ralph Fiennes muestra una faceta de galán de fachada dura pero de interior romántico y sensible, Kristin Scott Thomas, actriz siempre perfecta, revive a la enamorada con gran maestría, y Juliette Binoche muy dulce en su papel de enfermera. Si Tuviera que remarcar un momento en la película, elijo el de Juliette Binoche en la iglesia del pueblo, y a la pareja protagonista volando por el desierto en la avioneta, con esa hermosa partitura como romántico fondo compuesta excepcionalmente por Gabriel Yared... Sus nueve premios de la academia están sobradamente justificados.


Es una película fascinante, demasiado joven quizá para incluirla en eso que tanto gusta a los americanos de hacer listas como "Las diez mejores películas de la Historia". Todo en ella me gusta: la música, el color, los actores... Cada vez que la veo encuentro un detalle más que me asombra. Películas como ésta hacen que merezca la pena pagar una entrada de cine por si acaso te encuentras una nueva obra maestra...Es una historia que no peca de ser excesivamente clásica de como dos personas aparentemente tan frías desatan una relación tormentosa y apasionada... o de como dos seres de mundos tan diferentes confluyen en un rinconcito de la tierra para enamorarse inesperadamente... Sin sensiblería ni cursilería, Minghella consigue que la película te contagie de todos los sentimientos. Es una oda al amor, al amor más profundo de nuestro corazón, a un amor interior irreconocible, también supone un cántico a la libertad del individuo, a su ser, a su yo más positivo una vez encontrado el amor, caótico a los celos y las envidias... todo el film supone una muestra de los sentimientos humanos cuando están a flor de piel. Acompañado por un inclasificable grupo de actores, un prestigioso vestuario, una incorregible dirección artística y una fantástica banda sonora. Terminaré diciendo que este film se podría considerar como un manual del amor en el que los sueños y recuerdos perduran y te hacen la vida más feliz. Enormemente gratificante. Seguramente el único pero que se le puede poner a esta película, es lo mismo que a otra gran historia de amor como es "Memórias de África" y que curiosamente también está ambientada en un país tan exótico como el que le da título, y el problema es que la belleza es lenta y pausada y sólo las salvan ciertos momentos de la historia, alguna actuación del reparto y una fabulosa labor técnica. La película está magníficamente dirigida por un director inglés que también firma el guión. Su dirección es fantástica, sobretodo en las partes del desierto que ofrece maravillosa y hermosas imágenes, como por ejemplo cuando Ralph Fiennes lleva a su mujer en brazos con el vestido volando como con vida propia. Recordaremos el premio a Juliette Binoche que fue muy discutido, para los americanos fue imperdonable que una actriz francesa le arrebatara el oscar a Lauren Bacall por "El amor tiene dos caras". Datos interesantes: el productor de la película Saul Saentz, que en la misma ceremonia en la que ganó la película, recibió también el premio Irving G. Thalberg por su labor como productor. Las heridas en los cuerpos y en el alma de los personajes van apareciendo. Las consecuencias de una guerra en unos humanos. Una enfermera con la muerte como compañera de cama. Y dos amantes con el peso de la fatalidad a sus espaldas. El amor puede ser vivido como epicentro de nuestras existencias. Un sentimiento puede ser más grande que un desierto. Existen santuarios de nuestras pasiones, como La Cueva de los Nadadores una antigua iglesia. Y la pasión no responde a la lógica. Un encuentro furtivo abre la presa de las emociones humanas. Pero no podemos poseer a otros. La propiedad queda aparte, somos seres únicos y esa unidad nos hace libres. ¿Pero para qué queremos la libertad? Compartimos lecho, sexo, compartimos sol, aire y tierra con los demás, hasta que aparece la persona con la que queremos mirar, respirar y amar.
 

El Paciente Inglés hace vivir a cada espectador lo que significa la palabra cine: hace que durante dos horas respiremos ese olor del desierto, ese polvo de un país destruido. Y nos hace palpitar, sentir disparos en el alma, por la inmensidad de la felicidad y del sufrimiento de tres personas que, por encuentros inesperados, cambian sus vidas al encontrarse, toman rumbos distintos. Hanna descubre lo poco que queda en pie de si misma al conocer a Almassy. Almassy y Clifton son todo aquello que los seres humanos queremos ser: dos enamorados por encima de todas las cosas. Él es alguien escéptico y sin apenas vida. Ella es una mujer fascinante y libre, que ancla su corazón en el hombre que ama. Y se aman con todas sus consecuencias. Y esas dunas, esas notas, esas palabras, esos olores, los poros de su piel, el cristal de sus ojos, y la grandeza de sus emociones calaron en mí como una experiencia vital, como algo que no olvidaré, como un hecho esencial como persona y como amante del cine. Haber visto El Paciente Inglés... Cada cierto tiempo vuelvo a ver esta película. Con los años las sensaciones al ver uno u otro film van cambiando, y desde luego que la obra de Minguella se revaloriza con el paso del tiempo. El "descubrir" y recomendar a gente que todavía no la ha visto es una satisfacción. Criticada por su larga duración, a día de hoy no he oído a nadie criticar el Gernika porque sea un cuadro de grandes dimensiones. En el cine es lo mismo, ¿porqué seguir todos el renglón de los 90 minutos si la historia da para mucho más?. Muchos melodramas románticos se crearon entre los años 50 y 60, muchos de ellos hoy clásicos del cine. En los años 80 y 90, filmes como 'El año que vivimos peligrosamente', 'Memorias de África' o 'Los puentes de Madison' hicieron resurgir un género que parecía olvidado. 'El paciente inglés' significa la consolidación de la resurrección del drama romántico, ambientado como casi siempre en un paraje de gran encanto, con África como telón de fondo, utilizado en innumerables títulos del género, como los que he destacado anteriormente. Minghella compone una fábula romántica y lírica, cuyas imágenes intentan parecer los versos de una poesía, profundizando mucho en los sentimientos de los personajes y dejando ver sus principales flaquezas y sus emociones. A pesar de su gran cantidad de premios, el filme no está suficientemente sobrevalorado, contando como se narra esta historia de amor y muerte. No es una película de amor convencional. Lo que la hace más especial es la situación personal de sus protagonistas, la forma de ser de él me recuerda a la de Bogart en Casablanca, un tipo duro con gran corazón. Ella supera con creces a la protagonista de Casablanca en su interpretación, por expresividad y pasión. Los inolvidables paisajes, la música y, como no, la tristeza que invade toda la película, haciéndola especial. Una película para todos aquellos que han sufrido por amor. Para mí, el momento más mágico y emocionante de la película es cuando ellos hacen el amor por primera vez en aquella habitación de sábanas y cortinas blancas. Cómo se miran, cómo se entregan, hace que desees estar en ese momento en la piel de la protagonista y vivir un amor apasionado con un hombre así.
 

Quienes sean apasionados del cine y de la literatura, como lo soy yo, compartirán mi opinión al respecto de que siempre es útil, cuando se trata de adaptaciones, leer primero la obra literaria y ver luego la obra cinematográfica, para poder ver cuan bien fue hecha la adaptación. Me vienen ciertos ejemplos a la mente sobre trabajos magistrales tanto como malas adaptaciones que arruinaron la obra inicial: "P.S. I love you" de Cecilia Ahern, no será una obra maestra en el plano literario, pero es una novela de muy fácil lectura, amena y muy simpática; pero la película fué un suplicio. "The Great Gatsby" de F. Scott Fitzgerald es una magnifica obra literaria, e igual de buena fué la adaptación al cine, realizada por Jack Clayton en 1974 (hay tres adaptaciones más, que no las conozco, por lo que no tengo un criterio), pero en general he apreciado que la obra inicial es frecuentemente mejor que su adaptación, con lo que concluimos que siempre es mejor leer los libros!
Pero en el caso de "El Paciente Inglés", mi teoría no funciona más. Esta es una de las más bellas historias de amor que se han filmado, la película es maravillosa, la realización es impecable, las actuaciones magistrales. Tengo que aceptar que la película supera con creces a la obra original de Michael Ondaatje. Cuando leí la novela, mis sentimientos al respecto y mi apreciación general de la obra fueron diversos, ya que la novela es bastante obscura, la historia no se desarrolla en forma armónica, y los personajes son distintos. El personaje que mas me chocó fue precisamente el del Conde Almásy. Ralph Fiennes lo interpreta con una mezcla de fuerza, dulzura y sentimiento singulares, cierto que ayuda muchísimo el hecho de que Fiennes es un hombre muy bello, y su estampa es la perfecta para interpretar a un elegante Conde, muy acertada elección en el reparto de esta obra por cierto, pero no cambia el hecho de que en la adaptación cinematográfica se consigue que este personaje mueva sentimientos profundos en los espectadores, y nos resulte simplemente atractivo, mientras que la novela no lo consigue en absoluto.


Mencionar El paciente inglés es mencionar una de las mejores bandas sonoras de los 90', así como un trabajo espectacular del cámara, que logra captar imágenes de una belleza estremecedora... Atrezzo, vestuario y maquillaje (en especial este último) excelentes. Quizás el cine sea un misterio incluso para los propios directores, y una vez que desentrañan ese misterio, como un acertijo interior, los que durante un tiempo hicieron trabajos mediocres o menores, deslumbran con una creación poco menos que sublime, impensable hasta ese momento por su trayectoria previa, aunque en ella puedan encontrarse trabajos estimables. Tal podría ser el caso del bueno de Jonathan Demme con su excepcional ‘El silencio de los corderos’,  o de Anthony Minghella con ‘El paciente inglés’ (‘The English Patient’.)  hasta el punto que resulta extraño e incluso irrelevante que ambos consiguieran el Oscar por ellas. Minghella, que había alcanzado un prestigio bastante notable en el teatro, la radio y la televisión británicas, sólo había dirigido dos largometrajes antes de presentarse con esta maravilla, y con ninguno de ellos había destacado especialmente. Una vez más se demuestra que para convertirse en un artista lo más importante es una pasión arrolladora, como la que el director experimentó cuando leyó la novela. El paciente inglés’ convierte una suerte de tragedia o melodrama en música, y ésta es todo armonía que se percibe como tal desde el subconsciente, y que se enrosca en el ánimo, elevándolo en un adagio que no deseas que termine nunca.


Es de lo mejorcito que he degustado en cine, todo en ella es fascinante...... La he visto muchas veces y puedo decir rotundamente que es una de mis favoritas. Es romántica, dulce, esta cargada de amor, y con secuencias sobrecogedoras como la de la cueva. La recomiendo totalmente a todo que ame el cine. Iluminada de forma impecable por el operador John Seale, con un diseño de producción muy cuidado y muy sobrio de Stuart Craig, asistimos a la crónica de una doble derrota: la del amor y la de la vida. Su salvaje final nos hiere hasta lo más profundo, pero su energía, su misterioso ritmo, su lírica musicalidad interior, nos hace un poco más libres y un poco más lúcidos. Su historia es la de dos seres egoístas e infelices, que sólo pueden estar juntos estando separados, que se desprecian y que se admiran al mismo tiempo. Minghella, que nunca más haría algo tan hermoso y trágico, ni los juzga ni los ensalza. Simplemente nos hace testigos de la eterna dificultad y los sentimientos que nos contagia con esa pasión devoradora.

 

TODA UNA OBRA DE CULTO Y UN CLÁSICO CON RAÍCES PROFUNDAS.