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EL PADRINO III

 

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Lo maravilloso y mágico de esta película, es que será histórica con la ayuda de las nuevas tecnologías, su trilogía y su dramático final. No se puede hablar negativamente de esta obra cumbre del cine, porque siempre será un elemento arraigado en la memoria de cualquier cinéfilo. La familia Corleone ha quedado en el corazón de todos. A pesar de su terrible historia, de sus personajes por los que en ocasiones sentimos eternamente una enorme ternura. De categoría inobjetable, de raíz firme, de nobleza, de clase y elegancia. Esta película puede convivir con miles de elogios y también con críticas agraviantes, que no tienen razón de ser. ¿Qué más se le puede pedir a este film?... No es densa, sino especifica y clara, repasa toda una dinastía de mafiosos y jamás incurre en el tedio, eso solo les pasará a aquellos que no tienen ganas de dedicar diez horas de su vida a una trilogía que es mucho mas que una proeza perfectamente dirigida e interpretada. El amor se construye con el tiempo, pero se destruye con la impaciencia. Si eres impulsivo nunca llegarás a valorar el buen cine como se debe. De todos modos, las criticas están siempre merodeándonos, no todos podemos pensar igual, el mundo sería muy aburrido. Pido perdón si soy un tanto vehemente con mis artículos, lo sé. Pero este Padrino III se ganó mi corazón nada mas comenzar a verla y confieso que hay momentos en mi vida que extraño a estos mafiosos.

La única razón por la que Coppola se venció a las peticiones de la Paramount para realizar esta tercera parte de la saga es, ni más ni menos, que se encontraba al borde de la ruina y exprimir un poco más la gallina de los huevos de oro era la mejor solución. El proyecto, por lo tanto, ya nace forzado; habían pasado más de 15 años desde EL PADRINO II y a todas luces era innecesaria una continuación; en El Padrino II Michael Corleone había ido destruyendo poco a poco a su familia en su afán, paradójicamente, por salvarla; el flashback final donde se rememora a los hermanos unidos cierra el círculo que comenzaba en aquel salón oscuro habitado por Brando y Duvall; a lo que hay que añadir la escena final donde un Micheal envejecido y solitario contempla la vida que le queda sin ningún ser querido a su lado. Aún así había que otorgarle el beneficio de la duda a Coppola, contrariado por tener que dejar de contar con el susodicho Duvall por sus pretensiones económicas y matarlo simbólicamente, también el cambio a última hora de Winona Ryder por Sofía como hija de Michael, uno de los aspectos más espinosos y criticados del film, y no sin razón contempladas la dotes como actriz de Sofía. Sin embargo, no conforman todos estos datos el desvanecimiento en la calidad de la película, ni siquiera el añadido de la falta de una figura totémica que al lado de Pacino diera enjundia al metraje como ocurrió en sus antecesoras con Brando y De Niro. No, el mayor fallo para mí está en el guión, es el giro que sufre la personalidad de Michael Corleone, un hombre encerrado en si mismo, presa de un resquemor inabordable, de un odio tan alto como su inteligencia y que se ha mutado en un ser apacible, hasta irónico y bonachón en sus maneras. A esto hay que añadir el sorprendente acercamiento, por la deriva narrativa, hacia Kay, una relación absolutamente naufragada e insalvable a expensas del aborto inducido por su odio hacia Michael que sin embargo se recupera como un amor adolescente en un ejercicio de dudosa credibilidad. Son lagunas que hasta las obras maestra del cine tienen, y que no voy a subrayar con letras rojas, porque los aciertos son tantos que logran eclipsar estos arañazos a un guión que me sigue pareciendo alucinante. También se puede juzgar a Michael Corleone como ese hombre bueno, como proponía Rousseau en contra de la maldad innata que le confería Hobbes al ser humano, y la familia le convierte en un ser malvado capaz de ajusticiar a quien sea necesario en pos de su prevalencia, y tras ese trasiego por el lado oscuro es en esta tercera entrega donde regresa a la senda correcta que abandonó, parecía que para siempre, como en la secuencia del restaurante del Bronx, que tras recoger un revolver en una letrina. Sin embargo, así es esa concepción: un hombre que se ha entregado al festín de poder y criminalidad no puede volver a vagar entre las ovejas como carnero redimido. 

No se pierdan cada gesto de Al Pacino, es brillante... un actor con enorme categoría, aquí lo tienen:

La escena donde muere Mary Corleone es irrepetible, impresionante.... Ahí la interpretación de Pacino es fabulosa, conmueve hasta las lágrimas. Ella no debió morir... Esa escena empalmada junto a la muerte de su padre, le dan el broche de oro a la que es una película:

 INOLVIDABLE

IMPRESCINDIBLE

TODO UN CLÁSICO DEL SÉPTIMO ARTE

 

 

Cuando se estrenó “El Padrino III”, Francis F. Coppola manifestó su deseo de hacer una nueva entrega que completaría la trilogía y que llevaría por título EL PADRINO IV. MEGALÓPOLIS. Lamentablemente la muerte de Mario Puzzo hizo que el proyecto pasara al olvido y presiento que al día de hoy parece imposible que se pueda realizar, aunque dentro del mundo del cine, nunca se sabe. En cualquier caso hay que saborear esta película como se merece, pues es evidente que con el paso de los años se ha revalorizado y superó aquellas criticas y ha superado la frustración que supuso para muchos, siendo hoy en día un film de culto en todo el amplio sentido de la palabra. EL PADRINO III, tiene un altísimo porcentaje de tragedia griega, como lo es también en muchas obras de Shakespeare, el escritor favorito de Coppola. Podemos ver reflejado en la película al Rey Lear que sería Michael Corleone, Lady Macbeth, su hermana e incluso la historia de Romeo y Julieta, entre Sofía Coppola y Andy García.  Para mí, analizador exhaustivo de los Films que me impactan toda esa vocación shakesperiana es lo mejor del film, sin embargo y afortunadamente el director no deja de dibujar en este lienzo, el lastre del sentido de las dos primeras películas. Quiero decir que sin las dos partes anteriores, extraordinario reflejo de una saga siciliana, EL PADRINO III no sería lo que es. 

Los dos puntos fuertes de esta película son la parte técnica, todo un prodigio de la maestría de Coppola y por otro lado la dirección de actores. Probablemente estamos ante el mejor papel de toda la carrera de Andy García. Y en contra de muchos que opinaron que Sofía Coppola es probablemente la actriz con menos recursos de toda la cinta, la hija de Michael Corleone tiene una no fácil tarea, hacer creer que los hijos hacen siempre lo que les marcan, es un personaje que no tiene ventanas, ella misma las cierra. Fantástico también el veterano Eli Wallach y por supuesto un Al Pacino que hace una aproximación perfecta al tema de la vejez y en definitiva al de un tipo que quería ser legal y nunca pudo conseguirlo, porque entre otras cosas nunca tuvo un en la mente un arrepentimiento pleno. De vital importancia la música que, aquí cobra un papel esencial, hasta convertirla casi en una ópera, desembocando en un final tan trágico como las obras de Shakespeare. Quizás lo más flojo sea precisamente toda la intriga vaticana, y que todos entendemos las limitaciones con las que se contó en el guión, y que en este apartado Vaticano, se queda como a media altura, dejando al espectador la conclusión verdadera de la trama y que el montaje al final en paralelo termina por ver que todo queda conseguido tal y como había pasado en sus dos películas anteriores. El Padrino III es un epilogo demoledor de una familia en clara descomposición y continuo proceso de reciclaje, que sólo parece encontrar algo de luz y esperanza en Sicilia, lugar mítico, como una especie de Arcadia feliz donde poder recuperar lo perdido. Toda las secuencias sicilianas tienen muchas referencias al cine del maestro por excelencia: LUCHINO VISCONTI.
 Disfrutar sin lugar a dudas de este film, es uno de los muchos placeres que me ha dado el cine en mucho tiempo. 

 

La gran redención de Michael llega con este film y me parece hasta cierto punto lógico, son reservas, lo hace porque tenía que hacerlo. Así al menos ocurre en esta historia, sin complejos, responsable con su pasado; y totalmente ensombrecido por sus predecesores. El Padrino III empieza como una hormiguita en un mundo de elefantes, pero al final acaba por subírseles a la trompa y picarles en un ojo. Una tremenda oda, eso sí, con un comienzo titubeante en que la ambientación no recuerda a ese mundo sombrío en el que se entrelazaban historias de familias, asesinatos y negocios; ¿Esto es el Padrino?... Lo es, pero a penas comienza a serlo. La clave, una vez más, la tenía Al Pacino, que no acababa de coger el matiz a su fantástico personaje, o bien Coppola no había acabado de pulirlo como era debido. Pero, gracias al cine, lo hace, y son momentos prodigiosos, que llegan entre un cierto aire de retro a la sombra de EL PADRINO y EL PADRINO II.... Pero con un final grandioso, espectacular, mágico y sublime como el que no tuvo ninguna de las anteriores: La inmortalidad en el cine. Esas gafas que esconden detrás de ellas al hombre que existe tras el despiadado capo de la Mafia, bien merecen el olimpo del cine que sí tienen predecesoras. Aparecen y desaparecen para darnos a entender que hay un hombre, y que quiere liberarse de todos los fantasmas que le atormentan, como la sanguinaria muerte de su hermano Fredo, como la descomposición de su familia. Esta es una película eterna y sufrido lienzo del tormento, ese que deprime a Michael y que alcanza su clímax en la memorable secuencia de la confesión con el arzobispo; "Padre, he matado hombres"... Una obra que si no se pretendía que estuviera tan bien vestida como sus predecesoras,. consigue pasar por encima de ellas. Con algunas actuaciones memórales y mediocres, personajes a mi gusto muy creíbles. Con situaciones y escenas sonrojantes, ciertamente, como la relación totalmente forzada y adolescente entre Michael y Kay; que no tiene ya ningún sentido. Pero, que a pesar de esas sombras, es igualmente compleja como la dinastía de los Corleone; ahondando en conceptos que bien tuvo que soportar el padre del protagonista, el inmortal Marlon Brando, encarnando a Don Vito: como la presión desmedida del poder, en contraposición a la vejez, a un cuerpo achacado; como la superación moral, la confrontación con sus pesadillas, con el pasado. El enorme fallo es, que en esta tercera entrega no está ni Brando, ni De Niro, ni Robert Duvall, ni un James Caan... pero si un inmenso actor criado en los brazos y técnicas de los grandes. Al Pacino vuelve a ser uno de los mejores actores del siglo pasado y de éste, asumiendo dentro de su mente, actitudes del personaje por el que será mas que recordado, Michael Corleone. Llegar al final merece muchísimo la pena. Y una vez vista, deleitado, cerrada tu boca abierta y limpiadas esas babas que provoca el gran cine; rebobinen y vuelvan a disfrutar de ese final otra vez, vuelvan a rebobinar una y otra vez... Para ver morir a Michael escondiendo su mirada; tras un cristal en el cual nadie viese sus ojos sin vida. En ese momento, una secuencia maravillosa... muere Michael Corleone, el hombre, que se permitió un último momento de recogimiento, momentos que harían en su vida esconder para siempre sus sentimientos; como perfecto Corleone, pues él ya había muerto con el grito desgarrador que provocó la muerte de su hija, en las escalinatas de la Ópera.

 

El tema de EL PADRINO III, subraya y magnifica el de toda la saga: el poder como corrompedor máximo de los hombres. El fin de la vida de Michael, un hombre cuya existencia ha entregado al mantenimiento de un imperio, decisorio en la historia y abocado a la venganza y la soledad... Aquel que posee más de lo que cualquiera podría soñar está destinado a volverse o a que le vuelvan loco. Michael esta destinado a ver desaparecer a sus seres queridos mientras él sigue protegido por la férrea fortaleza que ha construido, a pesar de estar destinado a perder el amor, en la vida o en la muerte. Y él ya no es el mismo. Aquel que vimos en la boda de su hermana, en el Padrino era un joven inocente y apasionado, moral y soñador. Aquí se ha convertido en un humano en peligro, por las amenazan que le acechan y las que él mismo lleva en su ser. EL PADRINO III supone una recreación grandiosa de Al Pacino, lastrada por el dolor y las ausencias, una interpretación diametralmente perfecta casi a la altura de Brando y el De Niro de la segunda, un film del que el mismo De Niro se siente muy satisfecho.


EL PADRINO III, es la música, el hado operístico y trágico de esta historia lo que la elevan a categoría de clásico, alcanzando la categoría de Obra maestra. En lo que nunca estaré de acuerdo, es en el fallo de casting. No se puede dar dos personajes de tanto peso, carga dramática, y tan ricos, a una actriz tan mediocre como Sofía Coppola y un gesticulante excesivo como Andy García. Winona Ryder y Johnny Deep, seleccionados en su principio hubieran hecho maravillas. Pero la lastima es que tanto Sofía como Andy se saltan la carga mítica de la historia y en momentos claves, la credibilidad en general. Pero obviando esto, el film supone un apasionante viaje a los tormentos de la soledad y el poder como causas de la mayor tragedia: perder a los hijos.

Hay que ser un maestro y tener mucha seguridad en el proyecto que se tiene entre manos y un enorme valor como cineasta para, dieciséis años después, decidir dar continuidad a una historia que había alcanzado cuotas monumentales en sus dos primeras entregas. Para el momento de seguir con una tercera parte, la historia de la familia Corleone hacía ya mucho tiempo que pertenecía a la historia del cine, sino que había entrado directamente a formar parte de su leyenda. Era lógico pues esperar todo tipo de susceptibilidades en la acogida que iba a recibir la película, por más que fuera el propio Coppola, principal creador de la saga cinematográfica, nuevamente su director. La película tuvo una importante repercusión, pero como era obvio hubo también bastantes críticos que se encargaron de examinarla al milímetro para sacar todo tipo de pegas. El Padrino III está a la altura de las memorable primera y segunda parte, derrochando buen cine por los cuatro costados y, sobre todo, se mantiene fiel a unos personajes que ya habían calado hondo en el espectador. Michael Corleone de El padrino III es el mismo de siempre, el que nos fascinó de joven, y el que con los años ha mesurado su carácter frío y explosivo. En el momento que comienza la película, Michael Corleone está en pleno proceso de lavado de imagen de cara a la sociedad. El reconocimiento de la Iglesia católica y el intento de que sus negocios sean absolutamente legales, además del paso de los años, nos muestran a un Michael menos impulsivo, capaz, incluso, de ablandarse ante los deseos musicales de su hijo o la sola sonrisa de su hija, su punto débil. Pero no todo podía salir bien y su intento por hacerse con una gran compañía europea vuelve a generarle muchos problemas, traiciones y sus sangrientas venganzas. Todo con la insólita implicación de las más altas esferas del Vaticano. Por su parte Michael decide convertirse en mentor de Vincent, hijo ilegitimo de su hermano Sonny, y único miembro de la familia capacitado para tomar el relevo. La historia finalizará donde empezó muchas décadas antes, en Sicilia, y lo hará a lo grande, como solo una gran historia como El padrino podía hacerlo. El desarrollo de los negocios e intrigas de la historia es brillante, el clímax final, de cincuenta minutos de duración, está a la altura de lo mejor de la saga. El montaje en paralelo de la asistencia de la familia a la ópera con las diversas operaciones de venganza orquestadas en varias direcciones resulta sencillamente memorable, con una escena final en la escalinata del teatro irrepetible. En resumen... EL PADRINO III consigue algo importante, que es estar a la altura del mito sin traicionarlo y manteniendo vivos los códigos que hicieron de esta saga una de las más importantes obras del Séptimo Arte.

 

Hace escasos días ví las dos anteriores, y están realmente insuperables, el tiempo nunca pasa por ellas, las tengo como dos tesoros, quizá mas EL PADRINO I, por razones de índole personal, pero quiero decir que para mí EL PADRINO III es la mejor, más actual y con la que me siento identificado con los personajes. Pacino nunca falla, es sencillamente increíble cómo refleja en su rostro su decadencia física y sus remordimientos, para mí es un actor fetiche por sus miradas. Diane Keaton tiene más protagonismo que en las dos anteriores y es una actriz que me fascinó siempre, Talia Shire tiene mucho más peso en esta parte final, es una actriz no muy conocida, hermana del director, pero que tiene, sín duda, el desarrollo más grande de todos los personajes que han pasado por la trilogía, llegando a convertirse en toda una madame de la mafia, es de agradecer su mayor protagonismo, porque en las secuencias donde actúa, parece sintetizada toda la trayectoria de los Corleone. Joe Mantegna tiene un papel secundario suficiente para hacernos disfrutar de su categoría de actor, al igual que Bridget Fonda, con una intervención muy corta pero no menos gratificante, a mi me parece un valor sólido y la que echo de menos. Sofía Coppola es malísima como actriz y no digamos como directora... es cierto, pero me parece que los críticos se pasaron con ella, recibiendo autenticas bofetadas. Seguramente si Winona Ryder hubiera interpretado su personaje, lo hubiera resuelto mejor que ella, ya que es mejor actriz, pero para mí la química que Coppola tiene con el mediocre, pero guapísimo Andy García es grande y comprendo al director al contar con él, interpretando al bastardo Vincent. Nunca he visto mucho a este actor, le encuentro algo encasillado y con poca fortuna en su carrera cinematográfica. A todos que no se hayan decidido aún a verla se la recomiendo de corazón, que piensen que nada tiene que ver frente a las dos anteriores, pero que la van a disfrutar y mucho, porque es una de esas joyas del cine de los noventa.

 

Muchas críticas ha recibido esta película, demasiadas quizás, siendo para mi gusto una de las películas más infravaloradas de la historia del cine, pues los sabios han dicho que es la peor de la saga, y no estoy de acuerdo. La primera película es mítica, te atrapa y no te suelta y, la segunda es magnífica, con una trama increíble, pero no podemos olvidarnos de la tercera. La trama es completamente diferente a cualquiera de las anteriores, pues Michael Corleone intenta sanear a la familia, sacarla de la ilegalidad negociando con el Vaticano para entrar en un negocio redondo que salvaría a la familia de futuros desastres, muertes continuas de familiares y amigos y guerras innecesarias. Vemos a un Michael cansado, aterrorizado por sus propios crímenes, arrepentido por dar muerte a su hermano Fredo, por todo en lo que se ha convertido, de joven no quería ser lo que acabó siendo y, por lo tanto, quiere que sus hijos y sus familiares más cercanos no pasen por eso, quiere santificar la familia y dejarla libre del pasado para poder olvidar sus penas. Nos encontramos con una película con menos acción que las anteriores, aunque también tiene escenas de acción, escenas magníficas. Los diálogos son realmente perfectos e interesantes, al igual que sus antecesoras. La presentación de los personajes, como en todas las películas de la saga, se hace en alguna ceremonia; esta vez, en la entrega de un premio a Michael. Es una presentación menos elaborada, pues no hace tanta falta como en las anteriores, centrándose en la hija de Michael y en Vincent. Michael está completamente cambiado; aterrorizado por su pasado y obsesionado con el futuro, un giro magistral de Puzzo, un toque diferente, criticado por muchos, pero necesario. Al Pacino está excelente, como en toda la saga. También le otorgo importancia a Mary Corleone, hija de Michael Corleone, la cual muestra su ambición, e incertidumbre por su padre, al cual adora. Un buen personaje, interpretado por una pésima Sofía Coppola, la cual recibió muchas críticas por su actuación, y merecidas por cierto. Gran fallo de Francis Coppola al meter a su hija en el reparto, aunque contrató a su hermana Talia Shire y salió bien... pero lo de Sofía es para salir corriendo. Como en toda la saga, la dirección, el ritmo, la producción, la música y la fotografía son de lo mejor de la historia del cine y, sin lugar a dudas, el film es perfecto, una obra de arte, en la que la trama te puede gustar más o menos, pero hay que ser justos y reconocer que el final de la saga no podría ser mejor, háganme un favor, vean la película antes de leer cualquier crítica.

 

Michael Corleone reside ahora en New York. Veinte años después de haber vendido su alma al diablo en Nevada, recibe una distinción por parte de la Iglesia Católica por sus donaciones. Esta es la excusa para volver a reunirse con sus hijos Mary, Anthony y su exposa Kay. La ceremonia es una suerte de expiación, pero también una buena oportunidad para realizar negocios y resolver asuntos. Entre ellos, "la piedra en el zapato" de Joey Zasa, que no es otra que el hijo bastardo de Sonny, Vincent, sobrino de Michael que parece haber heredado el carácter de su padre. Vincent se acercará peligrosamente a Mary, lo que Michael intentará evitar. Aparte de todo esto, Michael intentará adquirir una parte de International Immobiliare, una compañía europea con un fuerte capital del Vaticano. Michael desea legitimar sus negocios, pero el Vaticano y Lucchesi no se lo pondrán fácil. Intentarán quitarle de en medio. Deberá volver a Sicilia y reencontrarse con su pasado, y tratar directamente con el futuro Papa. Así, el padrino descubrirá que cuanto más limpio quiera estar, más se ensucia...¿Puede existir un guión sobre la mafia parecido?, creo que volver al tema argumental me produce cierto placer, porque nunca he visto en cine algo que vaya tan directo hacia los puntos censurables del poder. Con estas claras connotaciones religiosas y referencias a las anteriores películas, comienza con una ceremonia para acabar con una matanza. El filme consigue estar a la altura de sus predecesoras. Injustamente criticada en su momento, me recuerda el caso que sufrió CLEOPATRA de Joseph L. Mankiewicz, afortunadamente con el transcurso del tiempo ambas películas son auténticos ejemplos de PELÍCULAS DE CULTO....  Michael Corleone carga con la culpa, y el contexto religioso en el que se desarrolla no le ayuda a redimirse, sino todo lo contrario: Aunque parezca que pueda retener a su familia, aunque sus negocios prosperen, a él se le niega el cielo. Y el sufrimiento lo acompañará de por vida. Francis Ford Coppola redime a Don Corleone con un final de antología... !! Imperdible !!.

 

 

 

ESCENAS Y DATOS DE INTERÉS:

 
- El beso entre Joey Zasa y Vincent Corleone.-

- El ataque de diabetes que sufre Michael Corleone, con sus respectivos delirios y fantasmas.-

- La muerte de Lucchesi, mira a su guardaespaldas para cerciorarse de que lo han cacheado. Aquel asiente. Carlo se acerca a Lucchesi: "El poder destruye a quien no lo tiene", le arranca las gafas y se las clava en la garganta.-

- El recorrido que Michael le hace a Kay por Sicilia. Michael intenta que comprenda el porqué de la naturaleza violenta de la familia. Al final, ella le cree redimido y lejos de ese mundo.-

- La canción que le canta su hijo Anthony en Sicilia y el recuerdo que provoca en Michael su boda con Apolonia.-

- El grito sordo de Michael al final de la ópera. Al Pacino exhibe uno de los gritos más desgarradores de la historia del cine; se deshace en sentimientos. Michael mintió, robó y mató para proteger a su familia. Todo lo ha hecho por ella. Y por eso mismo la ha perdido. Ahora está solo, y su último recuerdo será para las tres grandes mujeres de su vida: Apolonia y su hija Mary. Es un final bello y tristísimo para una trilogía perfecta.-


- La película tuvo un presupuesto de 55 millones de dólares y generó por venta de taquillas la cantidad de 67 millones en EEUU solamente, más 38 millones por la venta de alquiler en los videoclubs. Recibió 20 nominaciones a diferentes premios en festivales de cine, de los cuales ganó 10 de ellos. Es una verdadera obra maestra, no está por debajo de sus predecesoras: al contrario, es dinámica, gustadora y épica como las otras dos.

 

 

 

 He aquí 3 argumentos finales a mi articulo: 

1.  Al Pacino hace una actuación formidable, mostrando lo mejor de su capacidad. Más austero, más creíble, más humano: tanto que nos hace sentir compasión.


2.  Los diez minutos finales. De lo mejor en la historia del Cine: resulta maravillosa la contraposición de las dos realidades, los dos dramas que se mezclan: la ópera y el film. Francis Ford Coppola logra un paralelismo brillante, en el que música, violencia y acción terminan creando una secuencia fenomenal, y el clímax alcanzado es de una intensidad brutal.


3.  Así como en la segunda parte de la saga, se tejen realidad histórica y ficción. Las escenas en el Vaticano, las notables tomas del paisaje siciliano y el mismo argumento son mas que creíbles. Para completar mis argumentos, tenemos a Eli Wallach en la cima de su versatilidad, regalándonos un personaje, tan odioso como agradable. 


La puesta en escena es impresionante, apoyada, como en los 2 casos anteriores, en el fenomenal trabajo de Gordon Willis en la fotografía, que traslada a los 70 y a otros ambientes, como en El vaticano, los inolvidables claroscuros y contrastes que maravillaron desde la primera entrega. Las tomas en Roma son geniales y la música como siempre en su punto de emoción. El tratamiento que se le da a la relación mafia-iglesia es inteligente, valiente y en ningún momento morboso. No se explota el tema para atraer miradas curiosas sobre religión como se hizo en EL CÓDIGO DA VINCI. El Padrino III tiene una multitud de momentos brutales e inolvidables, destacando entre muchos la confesión religiosa de Michael, la pieza siciliana en guitarra que su hijo interpreta como regalo, la muerte de Juan Pablo I. que toma una fuerza estremecedora, la gran secuencia de la ópera y sus planos paralelos y sobre todo ese clímax, desde la escalinata hasta la toma final, que es posiblemente el mejor momento cinematográfico de los años noventa, junto por ejemplo a otros Films como la fuga de CADENA PERPETUA y la venganza final de SIN PERDÓN.

 

Por otro lado, existe un derroche de imaginación que pone a la Iglesia Católica como una asociación parecida a la "Cosa Nostra" pero sin armas, manejando un poder increíble. La fantasía que refleja esta parte deja de lado la crucial importancia que tenía en las anteriores la Familia, su estructuración y tareas... Nunca deja de ser un clásico. Las criticas dijeron que la primera es un anillo de oro, la segunda un diamante engarzado en él, y luego nos vino los rubíes y esmeraldas que adornan la última parte. Todas forman una unidad de buen cine, de buen gusto e imaginación. Otro critico dijo que era una "Genial Ópera Magnicida", porque la ópera ocupa un papel relevante dentro del film y magnicida, por las constantes luchas del poder llevan a acabar con aquellos que de una forma u otra ostentan el mismo, para situarse en su lugar, no así con el sucesor de Corleone, el cual ejerce una veneración edípica por su tío. Pongo esta crítica en la ultima entrega de la saga en homenaje a este maravilloso último capítulo de la familia Corleone. El Padrino es en mi humilde opinión la mejor saga de la historia del cine, es arte en estado puro, de belleza irrefrenable.

 Podría hablar durante horas de la trilogía pero creo que mis palabras jamás podrán transmitir ni una millonésima parte de lo que me hace sentir esta saga.