ENVIAR

COMENTARIOS

cinemania55@gmail.com

 

 

EL SIRVIENTE

de

Joseph Losey

 

 

 

 

En los años setenta en Madrid existían muchos cine llamados de Arte y Ensayo, recuerdo que EL SIRVIENTE fué un descubrimiento para mis jóvenes años en un local de la calle San Bernardo y al mismo tiempo se me abrieron las puertas de la maestría de un gran director y un actor descomunal: DIRK BOGARDE. La película es uno de esos films independientes, realizado por Losey y escrito por Harold Pinter. Es la primera de tres colaboraciones entre ambos La primera fué Accidente","El mensajero", y "El Sirviente". Esta última se basa en la novela "The Servant" de Robin Maugham.

 

 

Obtuvo los siguientes premios:


Premio BAFTA 1964: a la mejor fotografía británica b/n (Douglas Slocombe).
Premio BAFTA 1964: al actor más promisorio (James Fox).
Premio British Society of Cinematographers 1963: a la mejor fotografía (Douglas Slocombe).
Premio Writers' Guild of Great Britain 1964: al mejor guión dramático británico (Harold Pinter).
Premio NYFCC 1964: al mejor guión (Harold Pinter).
Premio Nastro d'argento 1966: al mejor director extranjero (Joseph Losey).
Premio Sant Jordi de cine 1968: a la mejor interpretación en película extranjera (Dirk Bogarde).


y las nominaciones siguientes:



Premio BAFTA 1964: a la mejor actriz británica (Sarah Miles).
Premio BAFTA 1964: a la mejor película británica.
Premio BAFTA 1964: al mejor guion británico (Harold Pinter).
Premio BAFTA 1964: a la actriz más promisoria (Wendy Craig).
Premio BAFTA 1964: a la mejor película de cualquier origen.
Premio León de Oro 1963: a Joseph Losey.

 

 

 

 

La acción tiene lugar en Londres de 1961, a lo largo del invierno. Narra la historia de Hugo Barrett (Dick Bogarde), perspicaz, manipulador, seductor, buen cocinero, que lleva 13 años como asistente doméstico. Es contratado por Anthony Mounset (James Fox), aristócrata, soltero, refinado, indolente, frágil e inseguro, más joven que Barrett. Entre ambos se establece una relación compleja de dominación y sumisión, confianza y engaño, eficiencia y degradación, amistad y lucha por el poder. Para mí, The Servant es una historia sobre la DEBILIDAD humana. Personalmente, lo que determina cuán fuerte o débil es un ser humano, es su capacidad de superar la tentación de sumergirse en placeres superficiales y terrenales, entendiéndose estos como los que comúnmente se relacionan el ocio y el vicio; en The Servant, estos placeres mundanos se agrupan en tres grandes bloques: alcohol, tabaco y sexo. Aunque se pudiera pensar lo contrario por el título; la película trata realmente sobre la figura del 'amo; el “sirviente” tiene una importancia meramente secundaria. La historia no trata sobre él, no sabemos quién es, ni de dónde viene. Sólo sabemos que destila una infinita ambición de poder, y, que, posiblemente, tuviera un plan premeditado desde antes de entrar en la casa. En este punto, quiero recordar una de las escenas emblemáticas de la película, que es la presentación de ambos personajes por primera vez en pantalla, en la que se observa al amo Tony durmiendo, y al sirviente Hugo contemplándolo desde arriba, plano definitorio de cómo van a ser las relaciones en la casa. El amo holgazaneando, sin mover un dedo hasta que aparezca su sirviente, anticipando la absoluta dependencia que va a depositar en su subordinado, ajeno al control que este va a ejercer sobre él mismo. En este plano introductorio, nos va a anticipar que Tony, debido a su posición burguesa y acomodada, es una persona débil, en el sentido de que depende absolutamente de su sirviente para realizar cualquier tarea por rutinaria que sea. Él podría hacerse la comida, o traer un barreño de agua caliente. A mi juicio, "El sirviente" enjuicia severamente a la clase alta de una sociedad. El amo, con dinero y poder, puede permitirse pagar a un sirviente para que realice todas esas tareas básicas y rutinarias necesarias en la vida de todos. Tareas de limpieza y comida, principalmente. Así, el noble, el aburguesado puede tener tiempo libre para dedicarse a tareas de mayor enjundia, como, por ejemplo, reforestar una selva en Brasil, ironía clara, no es capaz de tener orden en su casa, pero se cree capaz de salvar el mundo. Pero, ¿qué ocurre cuando delegas en los demás todas estas tareas básicas, hasta el punto de que, llegado el caso, eres incapaz de realizarlas por ti mismo? Estás tan acostumbrado a llevar una vida ociosa, de fiestas, y de cenas y noches de sexo con tu prometida, que ya no puede realizar la tarea más básica: cepillarte tu traje, sin ayuda. Y esto es lo que el sirviente conoce muy bien. Ha estado muchos años viviendo a la sombra de otros amos, y ya está harto, quiere vivir como un dandy inglés, tiene un plan y sabe como conseguirlo. Sabe que mientras más se involucre en su persona, en sus intimidades y absolutamente en todas las tareas y decisiones de la casa, más podrá debilitar la voluntad de su amo.

 

 

 

La película es un drama psicológico basado en el enfrentamiento entre un hombre servicial que, tras una apariencia de eficacia, oculta pasiones de dominación, posesión y degradación. Entre sus motivaciones se apuntan deseos de revancha, resentimientos, afanes de poder e inclinaciones sadomasoquistas. El arco dramático avanza desde la conquista de la confianza y el respeto de Tony, el alejamiento de su novia, la introducción de una mujer en la casa, Vera, para que le seduzca al patrón y le domine sexualmente, la ocupación física de sus espacios (lavabo, dormitorio). La obra explora el alma humana, sugiriendo hipótesis sin formular juicios. Las cuestiones que se plantean quedan en suspenso, abiertas a la reflexión. La cámara realiza un extraordinario trabajo de exploración de la casa, con un sugestivo movimiento de cámara, travellings, zooms, barridos, tomas largas, planos picados y contrapicados, reflejos en espejos que completan las escenas. Se sirve de símbolos, como la posición de los actores en la escalera, la intensidad del color de las figuras, los barrotes del pasamos. Añade elementos inquietantes, como el sonoro goteo del grifo, la estridencia del teléfono, la indefinición de la distribución de la casa, la lluvia persistente y la nieve. Salvo escasas excepciones, todas las escenas son inquietantes, incluidas las exteriores. La homosexualidad se sugiere a través de las fotografías del dormitorio de Tony... (jóvenes musculosos), esculturas de la casa... (atleta desnudo) y la indicación amenazadora de Barrett.... "yo conozco su secreto".

 Tony es un joven inglés de clase alta que se muda a Londres y contrata como sirviente a Barrett,  No obstante, su novia Susan no acaba de sentir mucha simpatía por él y se siente molesta por las intrusiones a la intimidad de la pareja, pero resulta tan sumamente eficaz que Tony ni se plantea despedirlo. Más adelante Barrett convence a su amo para que admita como doncella a su hermana Vera.

El norteamericano Joseph Losey pertenece a esa serie de cineastas de ideas marcadamente izquierdistas que pagó cara la famosa caza de brujas del senador McCarthy, viéndose obligado a emigrar a Europa, al igual que haría su compañero Jules Dassin. No obstante, cuando consiguió hacerse un hueco en la cinematografía británica, Losey pudo comprobar la ventaja de haber abandonado Hollywood: la libertad para tratar ciertos temas conflictivos y de filmar sus películas a su manera años antes de que la Meca del cine acabara aceptando esa modernidad. El Sirviente fue la primera de sus colaboraciones con el escritor Harold Pinter, que redactó el guión a partir de un relato corto que examinaba un tema tan británico como es las diferencias de clases. El film explora la idea que infiltra en la intimidad de otras personas, una persona cuyo deber es no solo mantener la casa sino estar al lado de su amo permanentemente. La única forma que tiene Tony es no sentirse intimidado por su presencia es prácticamente cosificarlo, entender a Barrett como parte del mobiliario. Ante nosotros Barrett es también un desconocido cortés e impecable que no empieza a revelar su lado humano hasta una escena concreta: cuando insulta de forma ruda a unas jóvenes que le molestaban mientras hablaba por una cabina telefónica. Es ahí cuando por fin conocemos algo del Barrett de verdad oculto tras su máscara de perfección, obviamente también es cierto que esa dualidad entre los dos Barrett es tan efectiva en gran parte por la interpretación mas que excelente de Dirk Bogarde, en uno de los mejores papeles de su carrera.

 

 


 

El momento en que empiezan a girarse los roles de amo y sirviente tendrá lugar cuando los dos criados empiezan a dominar a Tony a través de la sexualidad. Desde el momento en que Tony se convierte en amante de Vera, ya está en sus manos, puesto que tienen en su poder su secreto y además se sirven de su lujuria para tenerlo a su merced: Sarah Miles interpreta muy bien a la fogosa jovencita en contraste con la correcta novia de Tony. El instante decisivo es cuando Barrett llega por la mañana después de que Tony y Vera se hayan acostado juntos, y éste intente ocultarse a su criado: él, que tiene el rol dominador, tiene repentinamente que esconderse en su propia casa de su sirviente. Barrett es quien ha decorado la casa, quien la limpia y la mantiene. ¿Hasta qué punto ése es más el hogar de Tony que de Barrett? Pese a que Tony es quien ostenta el poder económico, es Barrett quien le atiende en su día a día de una forma tan perfecta que acaba dependiendo de él, algo que se refleja a la perfección en el tramo final en que los roles de ambos acaban desdibujados: Tony exige a Barrett que limpie más la casa pero Barrett, ya sin su máscara de correcto criado, le echa en cara que sea tan sucio; del mismo modo Tony le alaba repetidamente por la exquisitez del plato que ha cocinado, sabiendo que le conviene halagarle para poder seguir teniéndole a su lado. En las secuencias finales, se aprecia una decadencia sobrecogedora, Tony ha acabado convertido en un alcohólico casi sin voluntad. Barrett por fin lo ha moldeado en lo que quería a través de la dependencia que le ha generado. El estilo casi barroco de Losey acentúa la idea de ese hogar como un espacio cerrado y claustrofóbico de perdición que ha acabado devorando a Tony. Barrett ha logrado su propósito de infiltrarse en su interior y adueñarse de él. A nivel social sigue siendo el sirviente trabajando a las órdenes de su amo, pero en la realidad ha conseguido ser el dueño de su amo y de la casa.

 

La música aporta una banda de saxo y piano, en la que escuchamos fragmentos de "All Gone", a cargo de Cleo Laine.... La fotografía es magnífica. El guión desgrana un crescendo dramático demoledor. La interpretación de Bogarde, extraordinaria. La dirección consigue la que posiblemente es su obra cumbre. La referencia a la marihuana se establece con cierta ostentación. La presencia del sexo en la obra es reiterada: novia, amante de Barrett, seducción de Tony, dominación a través del sexo, amor triangular, y como elementos iconográficos los temas de los cuadros de la sala: una Venus mórbida, un grupo de guerreros sentados que examinan a una joven esclava desnuda. La secuencia final se presenta envuelta en un aire de sueño e irrealidad, que a mi me parece totalmente acertado, y angustioso.

 

Dirk Bogarde interpreta un papel a la altura de su metamorfosis interpretativa, creando la figura de un mayordomo inglés contratado por un voluble señorito de clase pudiente. La misión de Barrett es crear una atmósfera asfixiante a lo largo de todo el film. y ayudarle a cortar su cordón umbilical. La fidelidad y la precisión ejecutoria del asistente irán haciendo mella en la endeble personalidad de Anthony Mounset hasta el punto de generar un dependencia tan poderosa capaz de dinamitar su relación sentimental con su prometida, y abocarle progresivamente hacia una degenerativa e inexorable pérdida de voluntad en todos los campos. Afianzada en el impecable guión de Pinter, la película de Losey disecciona implacablemente la miserable condición humana de sus protagonistas, seres subordinados a sus más bajos instintos: sexo, drogas, disipación, celos y dominación. La erótica del poder trasladada al ámbito doméstico. Un angustioso y demoledor drama psicológico del que gozarán los fanáticos del cine más teatral. Conviene no saber nada de la película para entrar en la trama especulando sobre lo que esconde el misterioso sirviente que entra a trabajar en la choza del segundo protagonista, un irritable y estúpido personaje. El misterio que envuelve a Bogarde es lo más llamativo, ignorar qué hilos está moviendo y qué estará buscando lo hace más atractivo. En mi opinión Joseph Losey realiza un excelente trabajo, consigue recrear una extraña atmósfera puertas adentro. Lo más destacable es el trazo de la relación, sobre todo a partir de la segunda parte.

 

Al que no le gusten los dramas psicológicos que se abstenga. El interés de la película esté en descubrir los intereses ocultos del sirviente, en la mirada del actor Dirk Bogarde hay secuencias que se nos presenta como transparentes y la atracción fatal entre ambos es volcánica, me pregunto de haber dicho rodada en el siglo XXI, podríamos desmenuzar la citada atracción, no me atrevería a llamarla de amistad, es sencillamente extraña, entre dos tipos raros. El film de Losey es todo un alarde dentro de un puzzle perdido en un océano de perversión. El aristócrata Troy, de espaldas, sube la escalera a oscuras. Hay luz en lo alto, en el rellano que da a la puerta de Vera, la barandilla, frente a la escalera, interpone sus barrotes verticales. A través de los barrotes y sin llegar del todo al piso de arriba, Troy llama a la puerta, suavemente. La cámara, en panorámica ascendente, acentúa el contrapicado –y, con ello, la sumisión de Troy–. Vera abre la puerta, sólo una rendija– y le dice que ahora baja. No parece haber luz dentro de su habitación. Vera abre la puerta –esta vez de par en par–. La habitación aparece plenamente iluminada. Podríamos decir que se superponen tres planos espaciales. En primer término, los barrotes; en segundo término, las piernas de Vera; y, más atrás, la figura del sirviente, echado wen la cama con un cigarrillo. Las piernas de Vera salen del encuadre. Barrett se queda presidiendo el plano hasta que irrumpe el rostro de Vera en primer término, mientras baja la escalera y se sumerge, como antes hizo Troy, en la oscuridad. Barrett, bañado en luz, sigue en la cama. No ha llegado a coincidir con Troy en el encuadre. Y, sin embargo, el plano narra entera la historia entrelazada de los dos. En menos de un minuto, todas las cartas han quedado al descubierto. De forma genuinamente cinematográfica, Joseph Losey detalla el nudo de la trama. El juego con las luces y las sombras resulta magistral, igual que los encuadres. También el uso de la barandilla. Las piernas de Vera son parte de la cárcel en que Barrett va a encerrar a Troy. En el siguiente plano, la coreografía amatoria entre Troy, Vera y la cámara de Losey es extraordinaria. Como ya menciono anteriormente, el rostro y las piernas de Sarah Miles serán clave. La luz ahora es una hoguera y no la luz artificial que iluminaba a Barrett en el cuarto de la chica… pero esto, es historia para mas adelante.

 

 

 

 ¿Por qué raramente se encuentran en tiendas especializadas y nunca en las grandes superficies, los films del director?. Los nuevos cinéfilos no conocen a Joseph Losey. Pienso que Losey es un director que no siempre ha alcanzadazo el nivel de "El sirviente". "El muchacho de los cabellos verdes" y "El mensajero" por ejemplo están bastante lejos de esta pequeña joya. Los críticos han dicho que Losey nos llega más a la inteligencia que a la emoción, me resulta difícil pensar que no nos afectan emocionalmente las vivencias de Tony y su sirviente. Es imposible no verse involucrado afectivamente en el proceso de dominio, sumisión y degradación de estos dos seres. La película avanza inexorablemente apoyada en los diálogos de un Harold Pinter en estado de gracia hasta un desenlace que de no entenderse como onírico sería lo más flojo de la obra. Es en este final donde Losey saca el microscopio y nos muestra a sus protagonistas con toda frialdad, como insectos que se mueven con toda libertad por el salón de la casa de Tony. Es una obra de teatro donde lo que prima son los diálogos, las interpretaciones y una brillante puesta en escena. La verdad es que una buena película no es, es una obra magistral de un director inolvidable, así es y así debe contarse.

Cuatro personajes protagonistas perfectamente creados, imposible identificarnos con ninguno de ellos, de ahí que pueda decirse que Losey influenciado por Bertold Brecht, con quien trabajó en USA, busque un distanciamiento con el espectador tratando de que este piense en vez de emocionarse. Nunca Bogarde ha estado tan bién, una interpretación llena de matices a años luz del acartonado nazi de "El portero de noche". Sarah Miles siempre maravillosa, James Fox hasta hay momentos que logra una buena actuación y Wendy Craig con su mirada de loca compone un buen personaje. La fotografía expresionista, principalmente en el interior de la casa, es otro punto a favor de la película. Totalmente recomendable para las nuevas generaciones que quieren ver cine de verdad y absolutamente obligatoria para los que piensan que el cine lo ha inventado Tarantino, Almodóvar o algún otro segundón ascendido como genio a la post-modernidad..

 

 

 

Bajo su apariencia, "El sirviente" esconde una contundente carga subversiva y una trasgresión tan locuaz como fascinante de los roles sociales y las relaciones de poder. A través de la intrigante y maquiavélica forma de actuar, el aparentemente impecable mayordomo, consigue ir dominando paulatinamente a su señor, hasta conseguir prácticamente su hundimiento psicológico y su pleno control. Un drama adulto, potente, efervescente y de gran intensidad, realmente un clásico impecable. Las interpretaciones como los planos son perfectos. Atentos al juego de gestos y miradas de Dick Bogarde desde el principio. Ello nos hace intuir que vamos a asistir a un derroche de interpretación, digno de los mejores actores del mundo, así considero al actor, así le veo en sus películas, y para muestra esa obra crepuscular que es MUERTE EN VENECIA, y la no menos grande LA CAÍDA DE LOS DIOSES, supremo, increíble....y me faltan adjetivos para catalogar a una figura mágica de actor como es DIRK BOGARDE. Algo negativo recae en el guión, por otro lado difícil, si procede de una obra teatral, con cambios de ritmo, hasta un final frenético. A pesar de estos pequeños lapsus posee bellas imágenes finales que representan de manera surrealista la erótica del poder, el cómo mujeres de gran status social se rinden a un mero sirviente que es un señor, convirtiendo a su anterior amo en poco menos que un esclavo. La extraordinaria cámara de Douglas Slocombe, realiza tomas desde ángulos inquietantes, el diseño de la casa es otro acierto, acentúa en su diseño de puertas-librerías, escaleras resaltando los barrotes como si de una cárcel de oro se tratara, todos estos elementos junto con maravillosa banda sonora ayudan.

 

 

 

Cuando Joseph Losey aceptó dirigir "Stranger on the pound" en 1952, junto al actor Paúl Muni, no era consciente de que tal decisión iba a cambiar su vida y su carrera. Mientras rodaba en Italia el Comité de actividades Anti-Americanas le llamó a declarar y su nombre se vió incluido en las tristes listas negras del paranoico anticomunista senador Mac Carthy al no comparecer a tiempo. Durante el accidentado montaje y posterior estreno de su aventura italiana, Losey se encontraba ya en Londres sin trabajo y sin dinero. Atrás dejaba su país y una carrera truncada. Títulos como "El muchacho del pelo verde" (1948), alegato antirracista de poderoso estilo poético, y "The big night" (1951), interesante muestra de género policiaco, habían empezado a darle fama. Ahora, sin embargo, tenía que hacer tabula rasa y empezar de nuevo en una industria, la británica, que dependía demasiado de la estadounidense como para permitirle trabajar con su propio nombre. Losey se dedicó a escribir guiones para cortos (hay que recordar que ganó un Oscar en 1945 por uno de ficción titulado "A gun in his hand"), dirigir anuncios y finalmente hacerse cargo de dos largometrajes, "El tigre dormido" (1954) e "Intimidad" (1956), firmados por supuesto con seudónimo . Su nuevo periplo europeo, sin embargo, lo convirtió en uno de los directores más importantes de la década de los 60. Películas como "Eva" (1962), "Rey y patria" (1964), "Accidente" (1966), "Ceremonia secreta" (1968), "El mensajero" (1970) y, sobre todo, "El sirviente" (1968) le consagraron entre la crítica especializada y los amantes de lo que en aquel tiempo se llamaba Arte y Ensayo. "El sirviente" es la primera colaboración entre Losey y el famoso dramaturgo Harold Pinter. Los orígenes teatrales del director facilitaron la compenetración con su nuevo guionista y ambos volvieron a unir sus talentos en "Accidente" y "El mensajero"... Pero esta película es, sin duda, la de mayor éxito en la desigual carrera de su director. Drama psicológico que aprovecha su momento para sacudir los cimientos de una nueva alta sociedad con afán de alejarse de un conservadurismo establecido... el perfil vergonzoso e inmaduro que interpreta James Fox da a entender estas claves y la clase baja, agazapada y astuta como un zorro en pos de su presa.... esperando.

 

Durante la primera mitad del siglo XX, la homosexualidad seguía siendo marcadamente estigmatizada y quien tuviera tales inclinaciones se arriesgaba a toda suerte de maltratos, repulsas y deshonra. Pero llegada la década de 1960, la liberalidad ganaba nuevos espacios, la rígida censura al arte comenzaba a ceder terreno, y algunos directores se atrevieron a tratar aquellos temas que hasta entonces eran tabú en la industria cinematográfica. Pero el concepto, explícito, todavía no cabía en estos materiales, así que, los realizadores, tenían que ingeniárselas para sugerir con gestos, ademanes, palabras soterradas, objetos de decorado… aquello que querían manifestar, guardando la esperanza de que, los más avisados, lo comprendieran. Como esto no se avenía con la inteligencia media que requería de materiales tipo compota, sus obras tendían a ser de regular acogida en las taquillas, pero, curiosamente, su inventiva en la construcción de imágenes, ha hecho que estas películas trasciendan, merecidamente, como arte. Quien vea, “EL SIRVIENTE”, advertirá que Losey se ha preocupado por hacer un filme integral en el que, el ambiente, el decorado, la iluminación… y cada plano, han sido pensados con rigor para complementar lo que sucede en cada escena, y con frecuencia, lo que se ve tiene más significado que lo que se dice o lo que se hace. Así que, cada imagen tienes que verla plena, si aspiras a comprender lo que significa realmente la historia. Reclama un uso activo de la inteligencia porque, vista en una amplia perspectiva, juega además como metáfora de fenómenos sociales: La decadencia de la burguesía, la prostitución femenina, el sexo como instrumento de degradación… Pero, en general, lo realizado por Losey -perfectamente emparentado con el expresionismo alemán- es de un virtuosismo absolutamente decantado, porque él bien que llegó a entender que, una manzana es una fruta, pero puede servir para ejemplificar la vida.

 

 

A tener en cuenta las excelentes sombras chinescas de los rostros sombríos y transfigurados de amo y sirviente...los primeros planos, siempre dominantes y presentes resaltando el estado anímico de los personajes.

 

UNA AUTENTICA OBRA DE CULTO, QUE NADIE DEBERÍA PERDERSE.

 

 

 

cinemania55@gmail.com